Impasibles ante el dolor
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
No podemos quedarnos impasibles ante el sufrimiento de los demás. En la época actual el populismo, alimenta la indiferencia ante los niveles de desigualdad cada vez más intolerables y la falta de respeto hacia los derechos de los otros. Hemos dejado atrás la era de la corrección política y la negación del mal o el mirar para otro lado, como si no existiese.
Tenemos venenos que nos invaden y nos hacen perder las esencias y demasiados parásitos que son altamente perjudiciales para la humanidad y que favorecen erradicar nuestros buenos sentimientos y que lleguen hasta en los conflictos bélicos no alcanza la razón y la propaganda a la que nos vemos expuestos con amenazas y persecuciones.
Actualmente, a pesar de la anestesia moral y la indiferencia que intentan suministrarnos a diario, ante el sufrimiento ajeno, de lo vulnerable que puede resultar el sistema democrático por los continuos ataques y chantajes de los que no creen en él, no todo es posible por mucho poder que alguien tenga, y no vale ni permanecer impasibles, ni lamentarse diciendo que las cosas podrían haber sido de otra manera, pero tampoco es lícito instalarse en el cínico escepticismo que la totalidad del espectáculo de la vida es pura falsedad.
Las cosas marchan mejor, no cuando los resultados son buenos sino cuando la distribución de esta mejora afecta al mayor número de ciudadanos y ciudadanas, ese es el gran papel del Estado y por tanto de los gobiernos que al pueblo sirven, ser redistribuidores de la riqueza, de forma que eviten las desigualdades y logren la mayor equidad entre todos.
Para ejercer de esta forma la administración de las cosas que afectan a la comunidad, se ha de responder a una concepción y una práctica desde el compromiso ideológico y ético de construir una sociedad mejor, con un comportamiento generoso en el que primen los intereses colectivos sobre cualquier interés individual por muy legítimo que sea.
Hay quienes sin embargo, consideran el poder como un bien propio y lo utilizan patrimonialmente en su beneficio particular, en un ejercicio personalizado del mismo, y cuando incluso se realiza algo que es un bien común para la ciudadanía, el mérito de lo realizado es de una persona determinada, con lo cual lo que un equipo de trabajo hace bien, se le atribuye a aquel que se apodera de lo hecho y le sirve de promoción para el cargo siguiente.
Sin embargo, siendo deleznable y miserable tal posición, lo más peligroso moralmente hablando es la utilización del poder en provecho personal y particular, sin ninguna generosidad e impasibles ante el dolor, lo que acaba convirtiendo a algunos personajes que se dedican a la función pública en verdaderos seres amorales y sin principios, en pequeños y grandes tiranos que denigran el ejercicio de una de las actividades más nobles que puede ejercer cualquier ser humano, la política.
En estos tiempos que corren, en los que falta la ideología, y sobra la insolidaridad y la insensibilidad hacia las injusticias y la falta de interés por los asuntos públicos son la moneda al uso, aquellos que pretendemos con todas las dificultades y obstáculos posibles ir justamente en la dirección contraria, podemos resultar molestos e incómodos , incluso algunos personajes más sombríos de entre los que aparentemente mandan, nos intentan hacer llegar mensajes amenazadores de que les estamos molestando porque de alguna forma se ven reflejados en estas reflexiones. Créanme que lo siento, pero es un problema que no puedo resolverles, y han de hacerlos ellos solitos.