No a la guerra
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Fomentar el odio y la guerra NO, alimentar el diálogo y la diplomacia SI, para resolver los problemas y conflictos. Hay dirigentes que todo el tiempo se pasan el tiempo de su responsabilidad procurando enfrentamientos, donde podía haber entendimientos, que solo buscan la ofensa y el insulto, en lugar del construir el respeto y la estabilidad entre la gente y los pueblos.
Debemos acostumbrarnos a tener nuestro propio criterio, como en el caso de Europa, que debe entrenarse en no contar y depender de EEUU. En este momento los más de ocho mil millones de personas que habitamos el planeta estaremos pensando y deseando algo que no tenemos o hacemos, es como decía Adler ese pretender ir de una situación de minus a plus, esa búsqueda constante de caminos que habitualmente no podemos recorrer y la necesidad de expresar en nuestra cultura y lengua, aquello que nos gustaría en paz, libertad y estabilidad.
En la actualidad , como la inmensa mayoría de la humanidad, me gustaría que se acabaran las guerras y el amor fura esa gran fuerza que sembrara la mejor semilla en todas las tierras, que seamos solidarios y encontremos en ello unos principios que nos motivan a beneficiar y no a dañar, empoderar nuestra autonomía y distribuir los beneficios con justicia, encontrando en ello la mayor satisfacción.
Los que aspiramos a ser buena gente, desearíamos que la envidia que tantas guerras domésticas provocan, fuera un sentimiento en extinción, que fuera más importante la sonrisa de un niño, el consejo de una persona mayor, que la decisión de los más poderosos, que sintiéramos el placer de las cosas pequeñas y sencillas.
Nos gustaría sentir la alegría de los otros, compartir el bien de los demás como propio y no enfadarnos por tonterías que lejos de ser verdaderos problemas son con frecuencia la expresión de pequeñas e inútiles vanidades. Soñar con retirarnos a una playa paradisiaca y que no tengamos que soportar la tediosa rutina de discursos vacíos en boca de personajes insustanciales.
Dejar en la próxima parada a aquellos que se dedican como deporte a fastidiar al prójimo. Es deseable que podamos andar por los caminos de la bondad y la generosidad y estar lejos de la envidia y la mezquindad. Jugaríamos a la lotería para que alguna vez nos tocara hablar a la mayoría silenciosa, que no sintiéramos jamás miedo a nada ni a nadie, que descubriéramos que somos capaces de liberarnos de cualquier inquisidor, por muy poderosos que nos parezcan. Que ningún ciudadano aceptara que existen injusticias y desigualdades inevitables.
Los Gobiernos de todos los países del mundo, deberían premiar a todos los lectores de libros, disponer que estos fueran gratuitos y se repartieran por las calles y plazas de las ciudades, tal vez así los ciudadanos serían más cultos, más libres y la violencia dejaría de ser un fenómeno profundamente enraizado en nuestra sociedad.
Quisiéramos que el diálogo fuera la forma elegida para superar nuestras diferencias y no sintiéramos nunca la tentación de imponer por la fuerza, la razón de la sinrazón. Aspiremos a cumplir el sueño de Icaro y volar sin límites por los cielos como pájaro de libertad y surcar el espacio infinitos lomos de esa estrella errante que busca la felicidad.
Nos asombramos diariamente con las cosas simples y cotidianas, con el trabajo de aquellos que no son famosos y poderosos, pero poseen la grandeza de lo bien hecho, el título del anonimato y el silencioso esfuerzo para que todo funcione.