Superar las confusiones
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Cuando no tenemos las cosas claras, no sabemos si vamos a poder dar soluciones a nuestros problemas y superar nuestras confusiones. Las ideas, los conceptos, las emociones, los sentimientos, los pensamientos y las acciones no pueden concebirse sin sus contrarios, no llegaríamos a entendernos sin los opuestos y la propia dialéctica de la existencia carecería de sentido si cada peso no tuviera su contrapeso, si a los momentos felices no les siguieran otros de infelicidad, si la muerte no fuera la negación de nuestro paso por la vida.
En ocasiones aquellos que ostentan el poder, sufren de confusionismo tiránico, psicopatología que aparece cuando quienes ejercen alguna responsabilidad pública han dejado de escuchar a los demás para solo oír su maravillosa voz, no ven lo que ocurre a su alrededor porque pasan el tiempo contemplándose a sí mismos, han dejado de aprender porque creen estar en posesión de la verdad única y absoluta.
El Presidente Sánchez afirma es necesario el debate sobre los abusos de las grandes tecnológicas, y es profundo y debe resolverse de la mano del Congreso y de Europa y ha alzado la voz en contra de una visión de internet sin más reglas que las de las empresas.
En Europa las derechas, claudican a diario ante Trump y renuncian a la más elemental autonomía, sin que las izquierdas capitalicen la situación. Hemos llegado a un punto en el que el Gobierno de Pedro Sánchez pasa por ser uno de los raros reductos de la socialdemocracia.
La impotencia de Europa es alarmante, amenazada entre EEUU y Rusia que lidian su duelo pasando por encima de una UE cada vez más patética y resignada espectadora de lo que se le viene encima, con el PP Lo vemos en España: La derecha se enfrasca en la descalificación permanente del adversario, Sánchez en este caso, con el PP cada vez más entregado al seguidismo de la extrema derecha.
En la fauna política no es afortunadamente muy frecuente, pero provoca mucho ruido y genera más problemas que soluciones, se instalan en la provocación y el conflicto y sólo aciertan a mirar la realidad desde sus propios ojos, desde sus intereses de gobernantes, olvidando que una sociedad democrática es incompleta sino tenemos en cuenta las demandas y aspiraciones de los gobernados.
La megalomanía termina instalándonos en un reino donde no existen ciudadanos sino súbditos, donde los habitantes de la polis deben rendir admiración y pleitesía, y no son libres y competentes para hablar por si mismos sino a aquello que le digan y les dicten.
Como decía Montesquieu; “No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sobra de las leyes y bajo el calor de la justicia”. Diariamente asistimos a espectáculos donde se pone de manifiesto lo contrario de lo que estos confusos tiranuelos, intentan ofrecer mediáticamente a los electores y descubrimos bajo una presunta autonomía, una insoportable egolatría en el ejercicio de una aparente justicia, una gran intransigencia, tras el velo de una equilibrada tolerancia, una condescendencia sectaria y en la solidaridad a bombo y platillo, un oportunismo interesado.
Y nos damos cuenta que aquellos que hemos elegido democráticamente para ejercer el noble y difícil arte de gobernarnos, son unos pequeños tiranos, unos locos, unos fanáticos, que continuamente confunden los fantasmas de su interior con la realidad y sus ambiciones y deseos, con las necesidades y demandas del pueblo. Son individuos peligrosos dispuestos a justificar todo porque ellos son la verdad, la ley y la justicia.