El átomo y los antiatomistas. XVI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Además, si la sustancia primera es eterna, el mundo, por su parte, es engendrado y corruptible. En la base de su formación reaparecen, los cuatro elementos fundamentales de Empédocles: el fuego, el aire, el agua y la tierra, que los estoicos jerarquizan, atribuyendo un rol fundamental a los dos primeros, el fuego y el aire y, entre estos, un rol todavía más primordial al fuego, que asume un carácter creador casi divino, providencial. Dice Plutarco: “Designando como elementos primarios a los cuatro cuerpos, tierra y agua, aire y fuego, hace de los unos, no sé cómo, unos seres simples y puros y, de los otros unos seres compuestos y mezclados”. Y Diógenes Laercio dice: “El nacimiento del mundo se produce cuando, a partir del fuego, la sustancia, por mediación del aire, se transforma en humedad, la constitución más espesa y consistente, de la cual forma la tierra y, las partículas más sutiles se convierten en aire y, al hacerse aún más sutiles, engendra el fuego. Más tare, a medida que se van mezclando los elementos, aparecen las plantas, los animales y los de más seres”. Esta cita proclama una de las características fundamentales, de la visión del mundo de los estoicos, a saber, el concepto de “eterno retorno”, la evolución cíclica sin fin del universo.
Los estoicos se niegan a admitir, que el destino del mundo sea obra el puro azar. Ven en él claramente, la acción de una fuerza organizadora, el desarrollo de una simiente, con una finalidad calificable de Providencia. En varias ocasiones, Cicerón presenta en sus “Tratados sobre la naturaleza de los dioses y el destino”, las críticas que hace a las doctrinas epicúreas y, sus propios puntos de vista sobre este tema. De manera previsible, el célebre “clinamen” de los epicúreos y, el supuesto papel que desempeña en el poder de la voluntad y en el libre albedrío, será uno de los blancos favoritos de sus críticas. Así, por ejemplo, escribe: “¿Cómo no va a sorprenderme que haya quien esté convencido, de que existen ciertos cuerpos sólidos e indivisibles, movidos por su fuerza y por su peso y, que, este mundo, tan rico y tan hermoso, es el resultado del choque y, del encuentro fortuito, entre estos cuerpos? Cuando se cree posible una cosa como esta, no veo porqué no iba a pensarse también que, lanzando al aire de cualquier manera, en cantidades enormes, las veintiuna letras del alfabeto, estas podían formar, al caer a suelo, el texto de los “Anales” de Quinto Ennio, tal como podemos leerlo en el libro. No creo que el azar llegase a componer, ni una sola de sus líneas. ¿Cómo pueden, pues, esos, asegurar que el mundo se ha hecho cuando unos corpúsculos, desprovistos de colores y de otra cualidad, se han unido al azar y accidentalmente y, que a cada momento están naciendo y pereciendo, un sinnúmero de mundos?
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.