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El átomo y los antiatomistas. XIII


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Ya hemos visto que Aristóteles, adopta la teoría de los “cuatro elementos” de Empédocles. Pero en realidad, las cosas son más complejas. Si bien estos cuatro elementos le bastan para reproducir la realidad terrestre, Aristóteles siente la necesidad, de postular la existencia de un quinto elemento, al que llama “aither (éter, en lenguaje moderno) como principio constituyente, de los cuerpos celestes.

Habrá que esperar a Galileo (1564-1642), Kepler (1571-1630) y Newton (1642-1727) para que la “física celeste” y la “física terrestre”, vuelvan a ser una sola física, para que se reconozca que “la naturaleza es la misma en los cielos y la tierra”.

En el contexto de lo que nos interesa aquí, la posición de Aristóteles, sobre otros tres problemas, es también importante. Estos tres temas son: Dios, el alma y el universo.

- “Dios”. Dios tiene un lugar en la filosofía de Aristóteles. El principal argumento que esgrima, a favor de su existencia, se basa esencialmente en su teoría del movimiento, según la cual y, como hemos visto, “todo lo que se mueve es movido por algo”. Y hay que admitir que, en el origen del movimiento, tiene que haber un primer motor, él mismo inmóvil, inmutable y eterno. Y este primer motor, para Aristóteles, es Dios. Por lo demás, el Dios de Aristóteles (¡como no!) es pura forma y pura potencialidad; es el único ser desprovisto de sustrato material. Como el Dios de Platón, es más bien un artesano, el arquitecto del mundo: la materia con la que opera es eterna. Es importante añadir que, en la concepción de Aristóteles, Dios, la primera causa, es también la causa final. Es una visión teleológica del mundo, diametralmente opuesta a la visión estrictamente mecanicista, desprovista de toda finalidad, de los atomistas.

- “El alma”. El alma, que en los atomistas estaba hecha de átomos y era corruptible, en Aristóteles es la forma del cuerpo. Es lo que confiere al cuerpo su unidad de funcionamiento y su finalidad. Por ejemplo; la finalidad del ojo es ver, pero un ojo por sí solo, no ve nada. Es el alma la que realmente ve. El alma no puede existir, independientemente de la materia. Igual que en los atomistas, desaparece al mismo tiempo que el cuerpo. Aristóteles rechaza la metempsicosis (transmigración de las almas) de Platón.

- “El universo”. Mientras que los atomistas admiten una pluralidad, si no una infinidad de mundos, que nacen y mueren en función de los movimientos de los átomos, los únicos que son eternos, Aristóteles no concibe más que un solo universo, no generado y no destructible y, por tanto, eterno. Y este universo es, además, finito.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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