El átomo y los antiatomistas. XI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Asumiendo como Aristóteles, que los diferentes elementos podrían representar, además de las sustancias concretas, cuyos nombres llevan, las características generales de determinados tipos de compuestos, nos encontramos en presencia de una teoría, que no tiene ninguna dificultad, al menos en principio, para dar cuenta de la multiplicidad, de los cuerpos observados.
Si la multiplicidad es, pues, fácilmente concebible, no puede decirse lo mismo, del conjunto de transformaciones continuas y múltiples, que se producen realmente en el mundo. En efecto, las transmutaciones que acabamos de evocar, solo se producen raramente. La inmensa mayoría de los cambios, en la composición de los cuerpos observables – lo que hoy llamaríamos las reacciones químicas – comportan combinaciones y separaciones de elementos, procesos que, según Aristóteles, pueden implicar cambios, que vayan más allá de los que es posible obtener, con la simple variación de los modos de yuxtaposición. Aristóteles parece haber tenido una clara intuición, de la distinción que conviene establecer, entre la simple mezcla mecánica de los elementos, que no es más que una aglomeración de sus partículas y, su mezcla “íntima” – lo que hoy calificaríamos de combinación química – en la que los elementos constitutivos dejan de existir, en cuanto entidades distintas y, sufren un cambio que lleva a una sustancia nueva, compuesta de partícula nuevas uniformes. La homogeneidad de estas “mezclas”, que era una simple apariencia para los atomistas, se convierte en una realidad para Aristóteles, que habla explícitamente de “mezclas”, en las que los materiales constituyentes, no siguen siendo ellos mismos.
Obviamente, Aristóteles no tenía forma de entender, la naturaleza del fenómeno invocado, en esta íntima asociación transformadora. Habrá que esperar hasta los tiempos modernos, para llegar a la noción de “molécula” y, al siglo XX para que, con el advenimiento de la mecánica cuántica, sea posible entender el papel fundamental que desempeñan los intercambios íntimos, electrónicos, en estos procesos. Tampoco podían los atomistas, explicar las transformaciones moleculares, por cuanto este decisivo avance no era posible, en tanto en cuanto se considerase que los átomos eran impenetrables. Aristóteles fue probablemente más sensible a este problema que los atomistas y, la crítica que les hace en este sentido, es una de las más eficaces, entre todas las que les dedica. Esta crítica constituirá, a los ojos de muchos, el talón de Aquiles de la teoría atómica, hasta el punto, de que algunos feroces antiatomistas, de los siglos XIX y XX, se servirán todavía de los argumentos del Estagirita, en su combate reaccionario, contra la teoría de la estructura atómica de la materia. De hecho, la práctica filosófica demostrará que, si bien es realmente fácil para algunos (y más difícil para otros) descomponer la materia en átomos, será mucho más difícil hacer la operación inversa.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.