El átomo y los antiatomistas. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Como ya escribimos, aunque no hay un consenso unánime, acerca de si fue Demócrito o Epicuro, quien atribuyó “pesantez” a los átomos, la balanza se inclina más bien, del lado de Epicuro.
Así que sería la segunda de las adiciones de Epicuro, la afirmación explícita, según la cual, en el vacío, que hace posible el movimiento de los átomos, sea cual sea su peso y volumen, se desplazan a la misma velocidad (afirmación notable para la época, si tenemos en cuenta que contradice la opinión de Aristóteles).
Fue la introducción de estas dos proposiciones, la que condujo a Epicuro, a su hipótesis del “clinamen”. Recordemos que, en la teoría de Demócrito, los átomos están animados por un movimiento constante y eterno, pero desordenado, lo que presenta la ventaja de ofrecerles, la posibilidad de unas continuas colisiones, que pueden, o bien hacerles rebotar, “en la dirección hacia lo que los lance el azar” o, bien permitirles aglomerarse, aglutinarse y formar, por consiguiente, las cosas y los mundos.
La introducción de la noción de “pesantez”, junto con la afirmación de que, en el vacío, segunda realidad del mundo, todos los átomos se desplazan a la misma velocidad, indujo a Epicuro, a inferir que todas estas partículas, estaban sujetas a un movimiento regular, rectilíneo y unidireccional (“descendente”). Pero estas circunstancias, excluirían colisiones y encuentros y, en consecuencia, la creación de sustancias y de mundos, resultaría imposible. La única forma de evitar esta dificultad, era admitir que los átomos se desvían ocasionalmente, de sus trayectorias “naturales”. Y de ahí surgió la idea del “clinamen”.
Las citas de algunos autores antiguos, relativas a la introducción del “clinamen”, subrayan los dos aspectos que hacen interesantes a esta concepción: un aspecto físico y, otro más filosófico. Especialmente las de Cicerón: “Epicuro piensa que los átomos son arrastrados por su propio peso, en línea recta descendente, siendo este el movimiento natural, de todos los cuerpos. Pero cuando su penetrante intelecto, se dio cuenta de que, si los átomos se dirigieran, siempre en línea recta hacia abajo, jamás llegarían a encontrarse, recurrió a la fantasía de afirmar que, de hecho, experimentan una imperceptible declinación lateral, que les permite entrelazarse y aglomerarse”. “Cuando Epicuro vio que, si los átomos caían siempre hacia abajo, arrastrados por su propio peso, nos veríamos para siempre privados de libertad, puesto que su movimiento, estaría necesariamente determinado, imaginó, para sustraerse a esta necesidad, un medio que evidentemente, no se le había ocurrido a Demócrito. Dijo que el átomo, si bien se dirigía hacia abajo, en virtud de su peso y de su pesantez, se desvía ligeramente a un lado”. ´
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.