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De las confusiones a las claridades


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Imagino que a cualquiera de los que a cualquiera de los integrantes del mundo de la literatura, del club de los escritores y articulistas, que con más osadía e intrepidez que otra cosa, y que nos gusta revolotear en nuestros pensamientos, entre confusiones y claridades, intentando encontrar nuevas ideas o buscar nuevas formas, liberando de obsesiones paralizantes y discusiones limitantes e inútiles, gozando o sufriendo ante la página en blanco de nuestras pantallas.

Jugamos con las palabras para intentar ser optimistas y tener la tentación de no ser capaces de superar el pesimismo, y viajamos a través de nuestra imaginación con deleite y placer, buscando algo que decirles que les haga reflexionar.

De las sombras a las luces, de la oscuridad a la claridad, sentimos que en un determinado momento el brillo de lo nuevo apunta a cualquier sitio, menos a nosotros y eso que los cursis dicen tan enfáticamente la musa literaria está de vacaciones o pasa mayúsculamente de infundirnos sus poderosas dotes inspirativas y comienza a producirse un cambio de nuestra expresión facial, se nos pone una cara entre la ausencia, la indolencia, la irritación y el atontamiento.

Confieso que no acabo de aceptar la cruel y amarga verdad, y estas vueltas y revueltas resultan inútiles y vuelven martilleantes, una y otra vez para de forma casi amenazante, formularme la misma pregunta. Tras este recorrido del laberinto más confundido que clarividente, ahora ¿qué les cuento?

Llegado ese momento, la duda me asalta, sobre qué camino escoger, abandonar o continuar. Puedo plantearme, el hoy no es mi día, lo dejo y en otro momento lo intentaré o le echo narices al asunto y afirmo, si soy capaz de hacerlo, porque no, recurriré a los sueños o me adentraré en los rincones poco conocidos de la realidad, utilizaré la fantasía, explicaré alguna experiencia, comentaré o daré, mi opinión sobre algún acontecimiento, en definitiva pondré en marcha mi creatividad.

En este momento, no sé muy bien si reírme de mi mismo a carcajadas o dejar languidecer y callar esa voz interior que no para de decirme que quisiera hacer, pero no puedo, y me arriesgo a ese empujón hacia el precipicio de la nada que termina sumiéndome en el lago del vacío.

Además en estas circunstancias y para mayor angustia, uno se empeña en ser más original que nadie, dar nuestro sello personal a lo que escribimos, encontrar un tema inédito, envuelto todo en un tono y estilo original y único, o sea que nos ponemos cuestión sencillita, vamos que nos damos oportunidades para triunfar e invadidos por el desasosiego, no encontramos la manera de pescar nada en el mar del ingenio o cazar alguna veloz y saltarina idea en los secos y yermos campos del olvido.

Son ya muchas las páginas en blanco en emborronado para recomenzarla, hasta el agotamiento, y cuanto más tomamos conciencia de esta evidencia de nuestra impotencia, pero erre que erre, nos empeñamos en proseguir, aunque no sepamos muy bien ni porqué, para qué o hacía donde, lo cierto que en estos momentos, uno no puede por menos que sentir una sana envidia de quienes tienen los talentos que la diosa fortuna tuvo a bien otorgarle y que son escasos en número y rendimiento.

El sol entra tímidamente por la ventana de mi despacho, ¡Uff qué alivio!, ha amanecido una nuevo día, y he dejado atrás esta vivencia, entre las hadas con sus varitas mágicas queriéndome alumbrar, y las brujas con sus ugüentos oscureciéndome con sus maldiciones, mientras los duendes hacían travesuras por los vericuetos de mi inconsciente intentando encontrar una historia, un concepto, un pensamiento, una palabra que transformar en un mensaje, y al final devuelto a la selva de la consciencia, resurge la chispa, algo va configurándose, mis ojos y mis oídos se abren de par en par, pero ya me he quedado sin tiempo y sin espacio, así que tendré que esperar a mejor ocasión, para lo que comienza a agitarse en mi mente, y que se traduzca en algo susceptible de ser contado.

 

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