Bohr. Luz y vida. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Sin dudas, las características esenciales de los organismos vivos, ha de buscarse en una organización peculiar, en la que los aspectos susceptibles de ser analizados, por la mecánica ordinaria, están entrelazados con otros típicamente atomísticos, en grado no igualado por la materia inanimada.
Ofrece un ejemplo instructivo, del grado alcanzado por esta organización, la constitución y funcionamiento del ojo. Sin entrar aquí en detalles innecesarios, deberíamos recordar como la oftalmología, nos ha revelado las propiedades ideales del ojo humano, como instrumento óptico. Precisamente el límite impuesto a la formación de imágenes, por los inevitables efectos de interferencia, coincide prácticamente, con el tamaño de aquellos fragmentos de la retina, que tienen conexión nerviosa independiente, con el cerebro. Además, dado que la absorción de un solo cuanto de luz, por cada una de estas parcelas retinianas, basta para la impresión visual, puede decirse que la sensibilidad del ojo, ha alcanzado el límite impuesto, por el carácter atómico de los procesos luminosos. El rendimiento del ojo en ambos aspectos, es en realidad el mismo que se obtiene, de un buen telescopio o microscopio, acoplado a un amplificador adecuado, para hacer observables los procesos individuales. Es cierto que, mediante estos instrumentos, es posible aumentar substancialmente, nuestra potencia visual; pero, debido a los límites impuestos, por las propiedades fundamentales de los fenómenos luminosos, no es concebible un instrumento de mayor rendimiento para sus propios fines, que lo es el ojo. Ahora bien: esta perfección ideal del ojo, puesta de manifiesto por los reciente avances de la física, sugiere que también otros órganos, tanto si sirven para recibir información del medio exterior, como para reaccionar a las impresiones sensoriales, deben poseer una adaptación análoga a sus propios fines. El hecho de que haya sido posible determinar este límite en el ojo – pero hasta la fecha en ningún otro órgano - se debe únicamente, a la extremada sencilles de los fenómenos luminoso.
Sin embargo, el reconocimiento de la fundamental importancia del aspecto atomístico, en el mecanismo de los organismos vivos, no es en modo alguno suficiente, para conseguir una explicación general, de los fenómenos biológicos. La cuestión primordial es por, consiguiente, saber si falta todavía algunos rasgos fundamentales, en el análisis de los fenómenos naturales, que nos permitan alcanzar, una interpretación de la vida, basada en la experiencia física. De un lado, las sorprendentes características constantemente descubiertas en las investigaciones fisiológicas y, que difieren tan marcadamente, de lo que se conoce acerca de la materia inanimada, han conducido a muchos biólogos, a la creencia de que ni cabe una interpretación adecuada, de los aspectos esenciales de la vida, basada en términos puramente físicos. Por otra parte, este punto de vista, llamado vitalismo, difícilmente puede dar una expresión inequívoca de la vieja hipótesis, de que una peculiar fuerza vital, desconocida para la física, rige toda la vida orgánica.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.