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Defender nuestra dignidad


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Cada día libramos una batalla con nosotros mismos y con los demás ante las exigencias de la realidad, en la que hemos de procurar actuar con dignidad y superar todos los forcejeos a los que quieran someternos, alimentando el dialogo y buscando acuerdos sin sufrir desgastes innecesarios y librar pulsos que ponen en cuestión nuestra estabilidad.

Es peligroso meternos en crisis y laberintos que pongan peligro la vergüenza, a base de intentar sacar provecho de los otros con mentiras y bulos, con rucos baratos que montan estafas y promesas incumplidas, entre futuros amenazados y presentes perturbados.

Resulta poco honorables algunas indicaciones de José María Aznar a Mazón que ha sido arrastrado por las consecuencias de la DANA, cuando le dice “Tu no vas a dimitir, no vas a cargar con los muertos. La culpa es de Sánchez” ¡ Viva la dignidad!

Comprobamos como en los tiempos que vivimos, en el que no se confía en el porvenir para compensar las actuales renuncias; vemos como el único momento de gratificación es el hoy y el ahora. Lo que queda tras la rabia que están sembrando los partidos ultraderechistas es sencillamente la nada.

Desgraciadamente en la defensa de nuestra dignidad, hemos de rechazar como se comporta la derecha ante las necesidades y las demandas de los españoles y españolas, con la capacidad inagotable de estropear todo lo que toca; lo que no le viene bien a la defensa de los intereses de España.

En esta época las soluciones a los problemas, se abordan y ejecutan desde el esfuerzo común y por muy genial que alguien sea o se crea, por sí sólo, está condenado al fracaso, si no defendemos nuestras posiciones con dignidad.

Claro que cualquier conjunto de personas que deseen abordar una misión, tienen que verse, comunicarse, reunirse en definitiva y, “aquí está la madre del cordero”, salvando que las formas, clases, modales y tipos de reuniones pueden ser innumerables, me gustaría centrar la atención de quienes me leen, en algo de lo que todos hemos sido víctimas en alguna ocasión, como perder el tiempo en compañía de otros.

No debemos olvidar que en la defensa de nuestra dignidad, salen las palabras en busca de los autores y las notas al encuentro de los músicos y los colores que posan en nuestras paletas corren para capturar a los pintores y todos ellos en este proceso creativo disfrutan.

Un discurso sin ideas, una relación sin emociones, una vida sin pensamientos y sentimientos, es un estar sin ser, un hablar sin decir nada. Patético, dramático y terrorífico resulta estar sentados alrededor de una mesa para conseguir ser eficaces y encontrarnos con que la colaboración entre la gente que allí se encuentra brilla por su ausencia.

Observamos que la habilidad de los asistentes para plantearse algo en común es nula y comprobar como el coordinador o moderador podría dedicarse perfectamente a organizar carreras de tortugas, pero resultan inoperantes a la hora de motivas a nadie.

Conforme aquella tragicomedia avanza, observamos entre la rabia y la resignación que quien ha organizado aquel desaguisado es o un sádico un peligroso ignorante, que no ha tenido en cuenta para nada qué objetivos concretos se pretenden conseguir de la convocatoria en cuestión, ni hemos llamado a los participantes adecuados para el tema que estamos tratando, ni el personal que ha acudido tenía con anterioridad la información oportuna para poder opinar y en su caso proponer y decidir.

 

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