El orden desordenado
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Cada cual tenemos un orden singular y perfectamente desordenado. Nadie puede garantizarnos el orden universal, que sea igual para todos y que a la vez sea divertido y que nos permita cada día descubrir algo distinto y expresarlo con las palabras justas y precisas.
Entre un orden desordenado y un desorden ordenado vamos construyendo nuestra forma de ser y actuar y si pretendemos un orden perfecto estaremos ante una falsificación con todos sus defectos y sus disparates y desvaríos que no nos conducen a ningún objetivo.
Asomarnos a cualquier ventana de la comunicación cada día, es leer, ver u oír todo tipo de imágenes e ideas, calificativos y análisis sobre la realidad que vivimos desde los diferentes aspectos sociales, culturales, políticos o económicos.
Hay visiones para todos los gustos, desde quienes son moderadamente optimistas, pensando que no hay túnel del que al final no se salga y terminemos viendo la luz, o caer en un pesimismo sin remedio y preocuparnos de que a pesar de las palabras tranquilizadoras de los responsables políticos y financieros, nuestros pequeños ahorros pudieran estar en el alambre.
Tal vez una de las claves para hacer de nuestro caminar por el mundo una experiencia digna de ser contada, original y agradable, sea interesarnos por los demás y encontrar un equilibrio en la comunicación, salir de nuestra torre de alrededor de nosotros todos los días con nuevos ojos, pensar que el otro puede y debe ser sujeto y objeto de nuestro afecto, de nuestra amistad, de lo positivo de nuestro orden y desorden.
Debemos aspirar a distinguirnos de aquellos, que sólo ven al otro como una máquina de conflictos y cuando veamos que corremos el peligro de que esto no ocurra y que las preocupaciones, las contrariedades o los pensamientos negativos invaden nuestra mente, pongamos unas gotas de “positivina” en lo que estemos tomando y abramos de par en par las ventanas de nuestros sentidos al trueno de la alegría, con toda su carga de energía, que tire de nosotros como un imán en busca del tesoro de la ilusión.
Seamos nuestros mejores amigos y no nos sofoquemos inútilmente, no podemos forzar a nadie a ser feliz, pero tampoco ningún insociable nos debe introducir en su angustioso, frustrante y negativo universo por el mero hecho, de que eso le produce placer. En este caso, estimular el sadismo me parece poco humano, pero más estéril resulta practicar el masoquismo.
Entre nuestros órdenes y desordenes, no nos lamentemos y lloremos todos los días por nuestra poca fortuna, no creamos que estamos determinados por nuestra mala suerte. Ese sentimiento además de privarnos de descubrir las cosas buenas y bonitas de la vida, nos provoca un malestar interior que pondrá lagrimas dónde debería haber sonrisas y sufrimientos que nos impiden gozar de nuestras posibilidades.
Si los demás no lo hacen, nos debe importar un bledo, seamos generosos, ayudemos a quien nos necesita, es una forma de ayudarnos a nosotros e ya lo decía Tolstoi “Quien hace sufrir al prójimo, se perjudicará a si mismo”
Sería deseable que cuando propongamos una idea que suponga un cambio, estemos preparados par a que seamos fuertes ante la resistencia de los demás, pero provocar nuevas experiencias, modificar las cosas y las situaciones, es la sal de la vida, tenemos que ser insistentes y persistentes y luchar sin descanso para no aceptar sin más las arbitrariedades, las injusticias y la falta de compromiso con nosotros mismos y con los demás.