El descontento por bandera
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Quienes tienen el descontento por bandera, despiertan a cada día enfadados y con ganas de amargarse y hacer la vida de los demás una cadena de dificultades y torturas. No siembran esperanza y todo en el horizonte de su camino está presidido por la incertidumbre.
Sus mensajes son una catarata de pesimismo, en la que se mueven entre el fracaso de sus actuaciones y el veneno de no tener ningún plan para mejorar su existencia y la convivencia con los demás, presentando síntomas inquietantes de caminar hacia atrás, en lugar de avanzar hacia adelante.
Se recrean en las penas y los infortunios, en vez de disfrutar de las alegrías y los buenos momentos, de aquello en lo que aciertan en sus pronósticos y sentencian y emiten su veredicto negativo que dibuja un panorama pesimista sobre todo y todos.
Su ámbito natural es el enfrentamiento y la bronca, enconadas batallas y luchas por el poder, en lugar del entendimiento y exprimir los momentos de felicidad. Eso sí no reconocen ningún problema y por tanto difícilmente pueden corregirlo, y en este cumulo de disquisiciones les llega el invierno de sus vidas, que podría ser una fuente de oportunidades para disfrutar de lo aprendido y no repetir una vez tras otra en los mismos errores.
En este camino, con el descontento por bandera en la que solo ven conflictos, no miran que lo pequeño es hermoso, que es mejor ver la vida y aceptar las diferencias que querer uniformarlo todo y pretender la unicidad.
Admitamos la riqueza de que en nuestra pluralidad hemos de saber observar y escuchar.
Hay quienes no se dan un descanso y una tregua para estar contentos y ondear la bandera de la sonrisa y están permanentemente sacando sus fantasmas de su interior y con sus actuaciones evidencian que tienen una concepción inmóvil y estática de la realidad, negándose cualquier oportunidad de transformación y evolución.
Son tan fundamentalistas y reduccionistas, que están todo el día “desenterrando el hacha de guerra” y todo lo que existe, solo tienen una justificación, el servirles a ellos en sus fines y objetivos. Son apóstoles del personalismo, piensan que “todo es posible si ellos quieren”, las cosas son porque ellos las ordenan de esa manera y “nada fuera de ellos es verdad”.
No admiten ninguna contestación ni crítica y aparecen como defensores de una realidad en la que no creen y de la que no se privan en intentar sacar el mayor de los provechos y aparentan sufrir demasiado , cuando son el instrumento de sus beneficios y constantemente parecen estar trabajando en lo que permanentemente están ocupados.
Su única pasión son ellos mismos, su fanatismo, fundamentalismo y endiosamiento estéril que les hace caer en ocasiones en la indecencia, obscenidad e inmoralidad políticas, como si las mayores atrocidades que suceden a su alrededor no fuera con ellos.
Aquello que no pueden eliminar, tienen intención de silenciarlo y no admiten otras voces y otras palabras, esas que no les aplauden y halagan, aquellas que osan oponerse a sus caprichos y continuamente andan amenazando y recordándoles a los demás que si son malos serán castigados.
Creen que ellos y solo ellos son el pueblo, y cuando los electores les obligan a abandonar el poder, caminan desorientados, sin rumbo ni concierto, recogiendo las tempestades de aquellos vientos que sembraron. Más tarde o temprano, el ciudadano que tiene un compromiso con la libertad, termina descubriendo el engaño y todo se viene abajo y pierden la dignidad al olvidar aquello que decía Alejandro Dumas sobre el dinero, “es un buen servidor y un mal amo”.