Los maestros de la confusión
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Los maestros en el arte de la prestidigitación política, nos hacen aparecer los vicios privados como virtudes públicas, si donde se sigue come tiendo una injusticia, se recomienda que lo ortodoxo es mirar para otro lado, como si nada hubiera sucedido y el análisis de los temas importantes se despacha con argumentos insustanciales y las frases más insignificantes.
En esta atmosfera de confusión, simulación e incertidumbre, la competencia lejos de ser un estímulo de autosuperación, es un columpio permanente entre el rencor y la resignación y cuando alguien llevado de las mejores intenciones intenta desenmascarar algún manejo o poner encima de la mesa algún engaño como las guerras que cuestan vidas y sufrimientos como si fueran un juego en redes.
Son calificados de exaltados y desequilibrios, cuando deberían denominarse crímenes con todas sus letras y no intentar de expresar con un vocabulario rebuscado lo que son cuestiones crueles y no matices de interpretación.
A los integrantes de la mayoría silenciosa, nos resultan agotadores, cansinos e indignantes, lo rodeos y paráfrasis de quienes intentan tapar con palabras vacías los principios de la indecencia y la ausencia de razones para intentar convencernos e implicarnos.
Sentimos que el poder de las palabras nos seducen y somos capaces de expresar todo tipo de ideas y sentimientos, pero a las fantasías y ensoñaciones que seamos capaces de crear a través de nuestra creatividad, no son suficientes, hacen falta hechos y realidades que nos muestren y demuestren que somos capaces de cambiar las cosas, lejos de intoxicarnos con bulos, mentiras y artimañas y como nos trasmitía Antonio Machado “Hay que distinguir las voces de los ecos”
Nos provocan nauseas con sus actuaciones, aquellos que instalados en el ejercicio de la desvergüenza, no sienten el más mínimo rubor en afirmar blanco por la mañana, gris al mediodía y negro por la noche , o defender lo mismo y lo contrario.
La nobleza, la honestidad y la coherencia son valores en desuso, que suelen ser sustituidos con excesiva frecuencia por los despachos, los coches oficiales, las moquetas y los oropeles, y en ese camino de metamorfosis, desde las ideologías al pragmatismo de los tecnócratas y posibilistas, buscamos cualquier argumentación y nos convencemos con facilidad para superar con prontitud nuestras contradicciones.
Hemos de aprender a tomar nuestras propias decisiones y evitar ser títeres o juguetes de otros intereses oscuros y bastardos: clarificar las confusiones, reflexionar sobre las distintas opciones, inspirar confianza y hacer que la gente no tenga miedo de decir lo que piensa, y promover un dialogo sincero y leal .
La aspiración de muchos de nosotros, hace que para lograrla nos esforcemos diariamente en que la retórica no perturbe el contenido, la estética no eclipse a la ética, el fin no justifique a los medios y recorramos entre todos el camino del aprendizaje para saber ser generosos con los débiles y fuertes con los soberbios e intolerantes.
Afortunadamente las mujeres y hombres que se dedican a la vida pública son en su inmensa mayoría, personas honestas y honorables, pero han de vacunarse diariamente contra cualquier tipo de contagio, apartando de ellos a los especuladores, asumiendo la responsabilidad de decir que no ante atractivas tentaciones, por muy bonitas, amables y envueltas que en una aparente legalidad nos parezcan y reconocer desde la moderación y la templanza, en primer lugar los errores propios y en segundo lugar los aciertos y las aportaciones de los demás.