El átomo y los atomistas. X
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
¿Cuál es, pues, la relación entre los simulacros, el “clinamen” de los átomos del alma y, el libre ejercicio de nuestra voluntad? La relación no está nada clara, pero es definitivamente postulada. Dejemos, pues, de nuevo la palabra a Lucrecio y, luego a dos intérpretes cualificados, pero de opiniones ligeramente divergentes.
Lucrecio: “Hay que reconocer también, en los principios de la materia, una fuerza motriz diferente de la pesantez y de las colisiones, de la que nace la libertad, sin la cual estaríamos obligados, a admitir, que existe un efecto sin causa.
Y ahora los intérpretes. Primero Marcel Conche: “Cuando estamos despiertos reina la voluntad. Por ejemplo: andamos porque queremos. Y es entonces, una vez que nos hemos visto a nosotros mismos caminar, cuando surge la libre voluntad de andar. Una vez tomada la decisión, el impulso atómico el espíritu, en que esta consiste, se comunica a los átomos del alma y, a través del alma, se transfiere a su vez, poco a poco, a todo el cuerpo, que se pone a caminar. Todo sucede mecánicamente, excepto en el instante mismo de la decisión. Queremos libremente, porque podríamos igualmente no haber querido.
Y después Lloyd: “Como materialista que era, Epicuro explicaba los acontecimientos mentales, en términos de interacciones físicas entre los átomos del alma y, era para él un problema, explicar cuál es el significado, de la responsabilidad moral, en un sistema como el suyo. Sin embargo, no tenemos pruebas directas, de que esta fuera su opinión y, de hecho, explicar una elección, imaginando la intervención de un evento sin causa, en el momento de la decisión, es algo muy extraño. Es más verosímil pensar que, para explicar la responsabilidad, Epicuro igual que Aristóteles, se basaba en su noción de carácter y, que la función de declinación, era simplemente la de introducir el algún momento, una discontinuidad en los movimientos de los átomos del alma, para dejar abierta la posibilidad de una elección libre.
Anticipando la futura oposición de la Iglesia, respecto a la doctrina epicúrea, deberíamos añadir que, tanto Epicuro como Demócrito, consideraban que el alma era perecedera, debido a su corporeidad y, que, en el momento de la muerte, los átomos que la constituyen, simplemente se dispersan por el cosmos universal. En la filosofía moral de Epicuro, se suponía que esta certeza, liberaba al hombre del miedo a la muerte, fuente fundamental de continuos temores en su existencia y, de sus supersticiosas creencias en los dioses. Citemos una vez más a Lucrecio, cuyas palabras son irreemplazables: “La muerte, pues, no es nada para nosotros y, no debe preocuparnos, ya que, según parece, la sustancia de que esta hecha el alma, es mortal. Y, del mismo modo que en el pasado, nosotros no experimentamos ningún dolor, cuando los cartaginense se lanzaron al combate desde todos los lados y, cuando, sacudido el mundo por el estremecedor tumulto de la guerra, tembló bajo la bóveda del cielo y, nadie sabía a cual de los pueblos en lucha, le iba a tocar el derecho a imponer su dominio, sobre los hombres en la tierra y en el mar, así también, cuando nosotros ya no estemos, cuando se haya consumado la separación del cuerpo y el alma, cuya unión constituye nuestro ser, es evidente que absolutamente nada podrá alcanzarnos a nosotros, que ya no seremos.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.