Perdernos para encontrarnos
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Si estamos lo bastante atentos y alerta podremos detectar en nosotros mismos aquello que creíamos haber perdido, y nos toparemos, en ocasiones, con alguna gente dispuestas a vender su alma al diablo, con personajillos con las manos y los bolsillos dispuestos hacer todo tipo de trampas y cambalaches.
Nos sorprenderemos, comprobando que las cosas no son lo que parecen y que la visión de la realidad cambia con los tiempos. Estas obviedades a las que nos acostumbramos en el paradójico camino de nuestras vidas. Con frecuencia observamos cómo lo que ayer era bueno y recomendable, hoy puede resultar malo y perjudicial, lo que creemos tener controlado, no sabemos dónde está.
En un mundo en el que nos exige más dinero para la guerra, a lo que llamamos eufemísticamente defensa, y lo que inevitablemente supondrá menos recursos para el desarrollo y el ejercicio de los derechos sociales. Si anduviéramos por los sótanos del poder descubriríamos cuestiones que no sabíamos, y retomaríamos la iniciativa y recuperaríamos la confianza en nosotros mismos y en los demás.
A veces nos bloqueamos en un callejón sin salida, y somos incapaces de ver lo que tenemos delante de nuestras narices, en lugar de abordarlo sin miedo y con naturalidad, tendiendo puentes para el diálogo. A mucha gente normal, de esas que no figuramos en la galería de personajes famosos ni en la lista de la revista FORBES de las personas más ricas e influyentes del mundo, lo que nos quita el sueño es la cotidianidad y la factura de este País, que es al fin y a la postre la nuestra.
No debemos perdernos y son pocas las noticias que aparecen y nos la encontramos en portada y a cinco columnas. Se trata de hechos excepcionales y que constituyen un verdadero pelotazo informativo, por lo general acompañados del escándalo, el conflicto o la catástrofe, y que por tanto nos ocupen y preocupen al común de los mortales o al menos eso se proponen los que controlan la información en esta aldea global que diría Mac Luhan.
Normalmente estamos más pendientes de lo que constituye la micropolítica, nuestros problemas y como resolverlos en una lucha constante, que empiezan y terminan por amargarnos, que la vida que nos intenta fabricar la macropolítica de las grandes cifras, declaraciones y objetivos sobre lo que no tenemos nada que decir ni hacer.
Puestos a elegir nos gustaría más que en los principales rotativos mundiales aparecieran a cinco columnas, noticias que hoy en el mejor de los casos ocupan un breve o rincón perdido o insignificante, en cualquiera de las páginas interiores de un periódico de provincias, y en la mayoría de las ocasiones solo merecen la ignorancia de los editores y la falta de presencia de los protagonistas anónimos.
Como por ejemplo en un mundo dominado por lo digital y lo audiovisual, en el que la imagen es una referencia importante del poder, y lo que veas en la televisión o en las redes es como dogma de fe, aunque sea por poco tiempo, nade coloca a toda plana para que aprecie y valore que hay afortunadamente muchos miles de personas que no ve ni un solo minuto la caja idiota. Mi homenaje a ellos y a su capacidad de desconectarse.
En un sistema capitalista como el nuestro, no nos debemos extrañar de casi nada. Lo paradójico es que cuando se está todo el día pregonando la necesidad de superar las crisis que nos llegan, realizar las reformas necesarias, ajustar los recortes y ajustes y exigiendo más sacrificios a quienes ya no se les puede sacar más sangre, resulta escandaloso que con menos provisiones, las ventas de activos y las operaciones financieras elevan cada trimestre sus beneficios.