Niels Bohr. Conferencias en el Instituto. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El físico norteamericano Robert Oppenheimer, máximo responsables del Proyecto Manhattan, dio la bienvenida a Bohr y, éste pudo mostrarle a él y a sus colegas, el diagrama que le había pasado Heisenberg, en su encuentro en Copenhague, pero esto no acabó de tener el efecto tranquilizador, que Bohr había pretendido.
Para los americanos era obvio, que tal reactor no funcionaría, pero creía que esto tendría que ser obvio, también para los alemanes. O eso, o el diagrama entregado por Heisenberg, que era una elaborada cortina de humo, destinada a ocultar los verdaderos progresos realizados. (Sigue siendo un misterio. El hecho es que el proyecto alemán de bomba atómica, nunca acabó de despegar. En qué medida esto podría deberse, a los deliberados esfuerzos de Heisenberg, es aún materia de feroz discusión.
Las dos primeras bombas atómicas norteamericanas, fueron lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, poniendo punto final a la SGM.
Niels Bohr había participado en la creación de la bomba atómica y, quedó horrorizado por sus efectos. Empezó inmediatamente a utilizar su prestigio, para presionar desde las esferas más altas, con el fin de que se detuviera sin demora, toda investigación sobre bombas atómicas. Su empeño fue recibido con rechazo, en el mejor de los casos. (Churchill era partidario de encerrarle).
En 1945 Bohr regresó a Copenhague y a su amado Instituto. Los nazis, no habían sabido muy bien que hacer, con el principal instituto del mundo, especializado en ciencias racialmente inaceptables, con lo que Bohr encontró las cosas, más o menos como las había dejado, entre ellas un bote de solución de ácido áurico, por el que sentía gran estima. Según cuenta la historia, cundo Bohr huyó de Dinamarca en 1943, estaba decidido a que su medalla de oro del premio Nobel, no cayera en manos de los nazis. Para impedirlo la disolvió en ácido y, dejó un discreto bote de líquido turbio, en una estantería de laboratorio poco sobresaliente.
Al regresar, precipitó el oro y refundió la medalla. Una anécdota de exquisito simbolismo poético, ¿demasiado poética para ser cierto? Pero la medalla de oro del Nobel, no era de Bohr. En realidad, la suya la había donado al fondo finlandés, en compensación por daños de guerra. En realidad, pertenecía a su antigua compañero y colega científico Von Laue, quien se la había mandado a Bohr para que la guardara, al comienzo de la época nada dorada de Alemania. (Su medalla no fue lo único que Von Laue estuvo a punto de perder. A diferencia de Heisenberg, Von Laue había hecho pública su opinión sobre los nazis. Lo cierto es que los ganadores del Nobel, se convirtieron en una especie amenazada en la Alemania de entonces. En un ataque de resentimiento, Hitler había prohibido aceptar el Nobel a los alemanes, porque varios de los ganadores alemanes anteriores, tales como Einstein, Planck, Heisenberg, Hertz, Thomas Mann y otros, eran todos inaceptables para la raza superior).
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.