Mecánica cuántica. Los doctores del Espín. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En su época de estudiante, Wolfgang Pauli prefería pasar las noches, disfrutando de la vida nocturna de Múnich, en un café u otro y, sólo volvía a trabajar a su hospedaje a altas horas de la noche. Por eso solía saltarse las clases de la mañana y, solo aparecía al mediodía. A pesar de ello, sin embargo, jamás se perdía las clases en las que Arnold Sommerfeld, desvelaba los misterios de la física cuántica.
Sommerfeld había encargado a Pauli, la tarea de aplicar las reglas cuánticas de Niels Bohr y, sus propias modificaciones, a la molécula de hidrógeno ionizado, en la que se ha arrancado un electrón, a uno de los dos átomos de hidrógeno que configuran la molécula. Como era de esperar, el análisis de Pauli era teóricamente impecable, pero sus resultados no coincidían con los datos experimentales. A pesar de ello, sin embargo, su tesis fue considerada como la evidencia más clara, de que se habían alcanzado los límites externos del átomo cuántico de Bohr-Sommerfeld. El modo “ad hoc” en que la física cuántica, se había articulado con la física clásica (es decir, su recurso a soluciones específicas, para un problema concreto) resultaba bastante insatisfactorio y, Pauli acaba de demostrar que el modelo Bohr-Sommerfeld, ni siquiera funcionaba con la molécula del hidrógeno ionizado. En octubre de 1921, Pauli abandonó Múnich y, se encaminó, con el doctorado bajo el brazo, hacia Gotinga, para hacerse cargo del puesto de profesor adjunto de física teórica.
Max Born, de 38 años y, figura clave en el futuro desarrollo de la física cuántica, había llegado a la pequeña ciudad universitaria de Fráncfort, seis meses antes de que lo hiciera Pauli. Nacido en Breslau (Born) que, por aquel entonces, era la capital de la provincia prusiana de Silesia, se sentía más atraído por las matemáticas que por la física. Su padre, como el de Pauli, era un médico y académico muy culto. Profesor de embriología, Gustav Born aconsejó a su hijo, cuando se matriculó en la Universidad de Breslau, no especializarse demasiado pronto. Los estudios de Max Born, que le hicieron desfilar un tiempo, por las Universidades de Heidelberg y Zúrich, concluyeron en 1906, cuando se doctoró en matemáticas en Gotinga.
Después de pasar 6 meses en Cambridge, como estudiante avanzado, donde asistió a las clases de J.J. Thomson, Born regresó a Breslau, dispuesto a llevar a cabo un trabajo experimental. Después, no obstante, de descubrir que carecía de la paciencia y las habilidades requeridas, para ser un experimentador competente, Born regresó a la física teórica.
El éxito de Born, al enfrentarse a una serie de problemas, sirviéndose del poder de técnicas matemáticas, desconocidas para la mayoría de los físicos le llevó, en 1914, a obtener una cátedra extraordinaria en Berlín. Poco antes de estallar la PGM, otro recién llegado – Einstein – aterrizó en el epicentro de la ciencia alemana y, no tardaron los dos hombres, que compartían una profunda pasión por la música, en convertirse en grandes amigos. Cuando llegó la guerra, Born fue llamado a filas y, después de un tiempo como operador de radios en las fuerzas aéreas, pasó el resto de la guerra, realizando investigación de artillería, para la armada.
Pasada la guerra, durante la primavera de 1919, Max von Laue, catedrático de Fráncfort, sugirió a Born un intercambio de puestos. Laue había ganado el Premio Nobel en 1914, por la teoría que explicaba, la difracción de los rayos X debida a los cristales y, quería trabajar con Max Planck, su antiguo supervisor y, un científico al que adoraba. Born, alentado por Einstein, para que “aceptase definitivamente”, acabó accediendo, porque el intercambio implicaba el acceso a una cátedra y, el logro de la independencia. Así que Born acabó desplazándose a Gotinga, para dirigir el instituto de física teórica de la universidad. Pero, por más que se limitase a una pequeña habitación, un asistente y una secretaria a tiempo parcial, Born estaba decidido a convertir ese humilde comienzo, en un instituto que rivalizara con el de Sommerfeld en Múnich. Y, en el primer lugar de su lista de prioridades, se hallaba la de conseguir la colaboración de Pauli.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.