Incertidumbre. Una audacia impensable. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En julo de1914 Niels Bohr puso en marcha la cuestión del átomo. Con su hermano menor Harald, un matemático prometedor, viajo a Alemania para presentar sus ideas en Gotinga y Múnich. La universidad de Gotinga, en pleno centro del país, era un formidable centro, tanto de matemáticas puras como de física matemática. Carl Friedrich Gauss, uno de los grandes matemáticos de todos los tiempos y, un físico digno de mención también, había enseñado allí durante muchos años, hasta su muerte en 1855. Pero, a principios del siglo XX, Gotinga había sucumbido a la estrechez de miras que, con frecuencia, aflige a las grandes instituciones debido a una leyenda (pensemos en Cambridge en la generación de los dos Newton siguientes).
Dio la casualidad de que Harald Bohr había estado en Gotinga cuando el modelo atómico de su hermano realizó su debut y, pudo informarle de que la mayoría de los profesores de allí, encontraron la propuesta más “audaz” y “fantástica”, que plausible. Según Harald escribió a Niels, un malhumorado y anciano matemático dijo que “los números escogidos aleatoriamente podían haberse hecho concordar igual de bien”, con las líneas espectrales del hidrógeno.
Al presentar su teoría en persona, Bohr realizó algún progreso. Como su alemán aún no era fluido, habló en voz baja y vacilante, aunque con una inconfundible decisión. Según un joven físico llamado Alfred Landé, la opinión general en la facultad de Gotinga, era que la propuesta de Bohr era “una tontería… tan sólo una mala excusa por no poder dar una explicación”. Max Born, un profesor que entonces contaba con treinta y pocos, había encontrado el modelo atómico de Bohr absolutamente incomprensible cuando lo vio por primera vez publicado, pero tras escuchar a Bohr hablar en su defensa con tanta seriedad, le dijo a Landé que “ese físico danés se parece tanto a un genio original, que no negaría que hubiera algo de eso”. En sólo unos años más, tanto Born como Landé realizarían sus propias contribuciones a esta moderna teoría atómica.
Bohr lo tuvo más fácil en Múnich, donde el responsable del departamento de física teórica era Arnold Sommerfeld, de 46 años. Aunque había pasado varios años en Gotinga, Sommerfeld conservaba el entusiasmo juvenil por la innovación y lo nuevo. Fue uno de los primeros en abrazar la teoría especial de la relatividad de Einstein, cuando otros físicos de su generación luchaban por acepar que el espacio y el tiempo habían cambiado. Cuando el modelo de Bohr entró en escena, escribió a este sin demora, para decirle que, aunque todavía no podía evitar u cierto escepticismo acerca del sistema, su capacidad para producir resultados cuantitativos era “incuestionablemente un logro”. En Múnich, Sommerfeld recibió a Bohr calurosamente y, animó a sus estudiantes a fijarse en la nueva física.
Pues eso.
Continuara.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.