El átomo y los atomistas. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
También Diógenes de Oenoanda dice: “Si alguien recurriese a la doctrina de Demócrito para afirmar, por una parte, que lo átomos a causa de sus colisiones mutuas, no tiene libertad de movimiento y, que, por otra parte, todas las cosas parecen moverse, necesariamente hacia abajo, nosotros le diríamos: “¿Acaso no sabes, seas quien seas, que los átomos tienen también una cierta libertad de movimiento, que Demócrito, es cierto, no descubrió, pero que Epicuro puso en evidencia?”
Esta última frase de Lucrecio, nos pude servir de introducción a la cita, un tanto irónica, de Plutarco: “Los estoicos y los peripatéticos, no le perdonan a Epicuro que, para explicar las cosas más importantes, haya postulado la existencia, de un hecho tan pequeño e insignificante, como la mínima declinación de un solo átomo y, ello para introducir furtivamente los astros, los seres vivos y el azar y, para que nuestro libre albedrío no sea aniquilado”.
Estas citas ilustran bien el doble papel, que desempeña el “clinamen”: (1) el del mecanismo que permite, las colisiones entre los átomos y, por consiguiente, la formación de entidades complejas, como resultado de las colisiones favorables; y (2) el de fuente de una cierta libertad, inherente a la esencia misma del comportamiento de los átomos, partículas fundamentales únicas, de las que está hecho todo lo que existe. Ya que la espontaneidad, es coesencial y coeterna al átomo, el “clinamen” siempre ha existido (es decir, siempre ha habido desviaciones). Sin el “clinamen”, todo estaría muerto; es probable que, sin él, todo, incluso ahora, volvería a la muerte”.
A esta euforia poética, el autor añade, unas consideraciones más profundas, de cierta complejidad: “Como el átomo no tiene relación con nada más, el poder de desviarse de la dirección, a la que le arrastra la pesantez o la colisión, no puede proceder más que del propio átomo. Hay que situar por tanto la espontaneidad, en el interior del átomo. El poder desviarse, es algo que le pertenece permanentemente. Se ha discutido la coherencia de esta hipótesis; se ha dicho que estaría en contradicción, con el principio de causalidad, pues la desviación se produciría, sin causa alguna. Es evidente, sin embargo, que el principio de la desviación, se encuentra “ab eterno” en el átomo… La acción de la causa de desviación, eternamente inherente al átomo, no está, pues, relacionada con ninguna condición exterior. El efecto no puede pues, inscribirse, en ninguna cadena causal… En resumen, se trata de una causalidad sin ley… No hay indeterminismo porque hay una causa; sin embargo, hay contingencia, pues el efecto no resulta en ningún caso, de fenómenos anteriores. En esta misma línea de pensamiento, San Agustín dirá que el “clinamen”, es el “alma del átomo”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.