Las verdades ocultas
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
De gustarnos las frutas nos vamos a los melones, que no intentan ocultar tacos tan fuertes como hijo de puta o cabrones, ya que cualquier parecido con la realidad es pura fantasía. Nuestros políticos intentan tener todas las claves, predecir que va a ocurrir, acumular la máxima información, conseguir saber que les preocupa a los demás, administrar lo mejor posible sus presencias y ausencias.
El servicio a la comunidad es una de las actividades más nobles y completas que puede ejercer el ser humano, siempre que se haga desde la dignidad y el respeto a sí mismo y a quienes le rodean. La práctica diaria tiene altos y bajos, claros y oscuros y se contamina de aquellas personas que hacen del arte de la política una mezquina y despreciable actividad.
Quiero rendir mi más sincero y merecido homenaje a esas mujeres y hombres, que son la inmensa mayoría y que dedican su inteligencia y esfuerzo a mejorar la realidad y nuestras condiciones de vida. Por ello, vaya mi aplauso a quienes tienen como principal objetivo las demandas de los ciudadanos y ciudadanas, y no el de complacer los deseos de los jefes que le han colocado en la lista de turno o les han designado con el dedo.
Levanto mi sombrero por quienes, desde la defensa de sus ideas, son capaces de respetar al adversario y ser leales con los amigos por aquellos que no necesitan ocultar sus intenciones, intentando impregnar toda su actuación de claridad y transparencia. Denuncio por tanto, a los que pretenden mantenernos desinformados, llevarnos por el camino equivocado o envuelven en humo su quehacer cotidiano para tapar sus vergüenzas y corruptelas.
La reputación y credibilidad de quienes se dedican a la cosa pública debe ser un valor irrenunciable, quienes las pierden, se vuelven vulnerables y blanco de todos los ataques. La ciudadanía va a creer en nosotros, si somos capaces de predicar con el ejemplo, si nuestro discurso se corresponde con la ética de nuestra acción política, si les seducimos no venciéndoles, sino convenciéndoles.
Una peligrosa tentación en la que incurren algunos de nuestros representantes, es la de considerar que el mundo es peligroso y ver enemigos por todas partes. Este sentimiento, les lleva a construirse su propia fortaleza, rodeándose de escoltas, arbitrando todo tipo de obstáculos y barreras para resultar difícilmente accesible y permaneciendo distante ante los demás.
Aquellos que se colocan en esta situación, deben saber que son los más indefensos y que el aislamiento de hoy se procuran, acabará separándoles del principal capital de un responsable institucional, el contacto con la gente. Trabajar, trabajar y trabajar debe animar nuestro camino y hacerlo desde el ejercicio equilibrado entre audacia y prudencia, que en la mayoría de las ocasiones es el empleo del sentido común y la voluntad decidida de planear todo hasta el final, sin dejarse llevar por impulsos del momento o o malgastando energías en improvisaciones inútiles. Actuar apresuradamente, denota una falta de control sobre no mismo y sobre el tiempo.
No creamos que estas propuestas y denuncias son como esas verdades ocultas, o como esos tesoros perdidos de los que hablan las leyendas, que jamás nadie encuentra. Pretenden ser más bien, como el espejo que refleje la realidad, donde la política recupere cada vez más ese espacio social de consideración e integridad, donde la decencia de la gran mayoría venza a la vileza de una ínfima minoría que produce un gran daño, haciendo pensar y manifestar a muchos ciudadanos y ciudadanas “todos son iguales”. Admitir esto, no solo no es verdad, sino que me parece una tremenda injusticia.