Lo que pasa en la calle
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Cuando han transcurrido un cuarto del siglo XXI, se cumplen 150 del nacimiento de Antonio Machado, que con su poesía y su narrativa y su poesía nos demostró que la vida está en todo lo que pasa en la calle, y que el pensamiento democrático como dice Luis García Montero hace machadianamente camino al andar.
De lo que pasa en la calle aprendemos, si somos capaces de observar con atención lo que hacen y dicen la gente, producto de sus observaciones, de sus pensamientos, de sus reflexiones, de negociar con prontitud e inmediatez el fin de las situaciones no deseables.
Entre lo que se mueve y lo que permanece parado, como si estuviese detenido en el tiempo, nos reiniciamos continuamente y vamos siendo y sintiendo distinto, aunque parezcamos lo mismo y entre la sencillez y la complejidad de lo que sucede delante de nuestros ojos, somos muy dados a criticarlo y juzgarlo todo de manera gratuita.
Creo que de la verdadera convivencia democrática, debemos aprender a huir de juzgar y criticar a los demás por el mero placer intelectual y emocional de hacerlo, invalidando con ligereza y superficialidad, las ideas y sentimientos del prójimo, que de seguro si pensamos con serenidad y rigor sobre las mismas siempre encontraremos algo que pueda sernos útil en algún momento.
La gran esperanza del aprendizaje democrático está en nuestras niñas y niños que hoy se encuentran en guardería o en la llamada educación infantil, desde le debemos enseñar a confiar en sí mismos, a ser pacientes , a apreciar a los demás, a aprender a amar, a saber valorarse, a conocer y reconocer, a ser generosos, a querer la verdad, la justicia, a que el mundo es un lugar maravilloso para vivir, a respetar todo lo que pasa en la calle, a ser buenos ciudadanos, a ser verdaderos demócratas.
Saber más sobre nosotros mismos, explorarnos y descubrir como somos como integrantes de la calle, exige vista y valor. Quizás porque siempre tendemos a valorarnos demasiado, incluso cuando vamos de humildes o víctimas por la vida, o a no darnos cuenta de quien realmente podemos ser cuando ejercemos de necios, presuntuosos o petulantes.
En el afán de conocernos más y mejor, hacemos cosas extrañas desde que abrimos los ojos y decidimos que hay que levantarse, que van desde leer los horóscopos o echarnos las cartas a ver que no anuncia o aventura en el presente o en el futuro, consultar nuestros asesores e ir al psicólogo. Todas costumbres de gente rica y acomodada del mundo occidental y los pobres de este globo que llamamos Tierra, no pueden permitirse ninguno de esos lujos.
De Todas formas vivimos en el mundo de lo inmediato, en la selva de la rapidez, de faltarnos tiempo para todo y estar siempre pendientes de cómo lograr la mejor de las imágenes, el estilo más adecuado para agradar al prójimo y en este más veloz imposible, las primeras impresiones tienen una gran importancia, sin tener en cuenta que pueden ser altamente reveladoras pero también significativamente erróneas.
En la fauna que habita la calle, hay algunos maestros en manipular al resto del personal, construyendo una imagen frente al mundo, o escondiéndose detrás de una cortina que esconde un personaje falso e irreal y aunque se empeñen en interpretar un maravilloso papel todos los días, su actuación ni comunica y además es poco convincente, no es creíble y hay señales evidentes, por mucho que se esfuercen y se entrenen, de que son un fraude y una estafa. En la pendiente de la vida fácil, este tipo de gente se relaja y acaba sucumbiendo y demasiadas cosas dominan sus vidas, entre otras, el ansia de poder, el lujo, los halagos y los oropeles. Se sienten más viejos de lo que son, o se creen ridículamente más jóvenes, cuantas más cosas poseen más infelices se consideran y sus discursos son lo opuesto a su forma de vida.