Incertidumbre. Un enigma. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
¿Los átomos contenían electrones? La investigación no fue fácil. Los Curie ya habían identificado varios elementos radiactivos. Rutherford y los demás encontraron muchos más. Apareció un batiburrillo de nombres: radio A, radio B y hasta la E; torio A, torio B, torio X y también un gas radiactivo denominado “emanación de torio”; después actinio A, B, y emanación de actinio… Todos eran, de alguna manera, diferentes, pero todos estaban en cierta forma relacionados.
Al separar un presunto elemento de otro, identificando las circunstancias por las que uno desparecía y el otro aparecía, Rutherford y sus pupilos desenredaron laboriosamente la confusión. La conclusión definitiva apareció en un trabajo publicado en 1902 por Frederick Soddy, un químico formado en Oxford, que se había incorporado el equipo de McGill. Rutherford y Soddy proponían la teoría de la transformación de la radiactividad o, de forma más osada, la teoría de la transmutación. Afirmaban que lo que se transmutaban eran los propios átomos: los bloques de construcción supuestamente indivisibles de los elementos. Elaboraron un sistema por el cual la multiplicidad de radios, torios, actinios y sus emanaciones, se podían entender como los vínculos de una cadena de desintegración radiactiva, transformándose un elemento en otro, ese producto en otro y, así sucesivamente, yendo cada transformación, acompañada de un cierto tipo de emisión radiactiva.
¡Alquimia!, gritaron muchos críticos. La inviolable identidad de los elementos era un principio fundamental que lo químicos, tras largas y difíciles luchas, habían llegado a establecer hacía poco. Entonces aparecieron Rutherford y Soddy diciendo que, después de todo, los elementos no eran permanentes. Marie Curie, entre otros, consideró inaceptable esta sugerencia. Ella mantenía que los átomos eran, por su misma esencia, inalterables, de manera que cualquier teoría, según la cual pudieran transformarse unos en otros, no era, en absoluto, una teoría atómica honesta.
Pero la capacidad de la teoría de la transformación, para dar sentido al confuso revoltijo de sustancias radioactivas, con la única ayuda de unas pocas y simples reglas, convenció rápidamente al mundo científico de ser esencialmente correcta. Sin embargo, una de esas reglas ocultaba una idea aún más subversiva que la transformación de los elementos. Rutherford y Soddy señalaron que cada elemento radiactivo tenía un ritmo de desintegración caracterizado por lo que se dio a conocer como “vida media”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.