Con calma y prudencia
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Hay quienes andan de un lado para otro, cual personajes sin rumbo, lunáticos en busca de su papel en la vida. Se empeñan en correr sin frenos y en parecer una cosa y ejercer de todo lo contrario. Si los observamos con atención dan la impresión que van en una dirección y sin embargo caminan en sentido opuesto, hablan de rectitud y son los más inmorales y corruptos y se escudan en murallas inexpugnables para ocultar sus vergüenzas e inseguridades .
Procuran, con clama y prudencia, ser justos en sus actuaciones , sin dilaciones innecesarias y no confundiendo el equilibrio con la arbitrariedad , y la justicia con la venganza. Suelen alimentarla estrategia de la confusión que resulta más alarmante , grave y evidente , cuando el sujeto en cuestión es alguien con una responsabilidad pública, uno de esos actores en busca de un autor con la misión de conseguir que las cosas y que vivamos mejor.
Estos personajes deberían ser capaces de sintonizar con las demandas y los sentimientos de la gente, y manejar los desacuerdos antes que se conviertan en incomunicaciones y abismos insalvables e intentar resolver los problemas sin prisas ni atropellos, con calma y prudencia, para evitar que se transformen en conflictos sin aparente solución.
Lo más recomendable es procurar hacer de nuestra vida un ejemplo, ejerciendo una pedagogía desde el ejercicio del poder. Los políticos inteligentes, aquellos que utilizan hábilmente el sentido común y están siempre dispuestos a escuchar la voz del pueblo, saben y en tienden que el liderazgo no tienen que ver con el control de los demás, sino con el arte de persuadirles, para ser protagonistas y colaborar en la construcción de un objetivo común.
Mientras aquellos que tienen un concepto personalista y degradante de la política, actúan presos de un narcisismo en el que los demás no existen, salvo en la condición de espejos de sí mismos. Fomentan una sensación de ser únicos e importantes aunque sólo son el envolvente de un vacío de ideas, sin discurso ni proyectos y una ausencia total de ética e integridad personal.
Estos individuos mantienen el manto de la oscuridad sobre sus decisiones y reaccionan a cualquier crítica con enormes dosis de rabia, no comprendiendo que alguien ponga en cuestión su criterio y actuación. Exageran sus logros y capacidades. Todo lo bueno que ocurre es gracias a ellos y los malo siempre es culpa de los otros.
Sus fantasías de éxito, poder y brillo, han de ser reforzados continuamente por una corte de plebeyos y bufones a sueldo que le profesan atención y admiración constantes por el señor que les paga. Cuando esto no ocurra, la cosa cambiara y es que en el caso de esta camarilla, no puede traducirse en echar más leña al fuego, o como los bancos no existe un interés más desinteresado
Se pasan la vida entre protocolos y referencias inexistentes, presentándonos lo mínimo como máximo y viceversa, considerándose dueños y poseedores del cargo que se les ha otorgado por la voluntad popular y en el colmo de su megalomanía, no dudan en eliminar a sus posibles competidores en la carrera hacia el poder, subyugando y dominando a los débiles mediante la amenaza y comprando y utilizando a los que se prestan a ello.
Sin pararse a reflexionar y entre las prisas y las vísceras, se dedican a un deporte muy peligroso, que entre mentiras y crispaciones minar la credibilidad de las instituciones , y en su extender la falsedad , terminan considerándose imprescindibles, y que sin ellos no hay futuro posible, produciendo saciedad, cansancio y hastío; en quienes deberían estimular la novedad, la ilusión, las ganas de trabajar y el impulso para producir el salto hacia una nueva situación.