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Niels Bohr y Ernest Rutherford. III


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Como escribíamos ayer, para muchos, los principios de la física clásica y los de la teoría cuántica, eran “contradictorios”. Y el modelo del átomo de hidrógeno, no era lo bastante complejo. El problema sería resuelto más adelante, por el profesor de física de Múnich, Arnold Sommerfeld, el primer creyente de la relevancia, de la física cuántica. Sommerfeld aplicó la teoría de la relatividad de Einstein, al movimiento de los electrones, alrededor del núcleo central y, se dio cuenta de que esas órbitas, tenían que ser elípticas.

El modelo de Sommerfeld podía dar cuenta de las líneas más finas, del espectro del hidrógeno, pero quedaban aun algunos problemas serios. La contradicción fundamental, entre la teoría cuántica y la física clásica, se estaba mostrando intratable. Además, el esquema de Niels Bohr podría cuadrar con el átomo del hidrógeno, que tenía un solo electrón. Pero no tardaron en surgir las dificultades, cuando se intentó aplicar, a estructuras atómicas más complejas. ¿Era este átomo cuántico del hidrógeno una anomalía, una excepción? Bohr tuvo que forcejear con el trabajo teórico, terriblemente complejo, que suponía tratar de extender su modelo, de una sola estructura atómica particular, al plan general de “todas” las estructuras atómicas.

Este trabajo le exigía mucho tiempo y energía. Cuando Ernest Rutherford le ofreció un nuevo puesto no docente en Manchester, en 1914, Bohr aceptó gustoso. Antes de que pudiera ocupar el puesto, estalló la PGM. Dinamarca permaneció neutral, pero hubo combates navales, entre navíos británicos y alemanes, frente a las costas danesas. Gran Bretaña logró controlar el Mar del Norte y, garantizar un paso seguro a los barcos neutrales. Aun así, el ferry que llevó a Bohr y a su esposa a Gran Bretaña, hubo de seguir una ruta larga y, desviarse alrededor de las costas escocesas, entre la niebla y las tormentas.

Bohr siempre había creído en el internacionalismo de la ciencia: se trataba de conocimiento en beneficio de la humanidad, no de las diferentes naciones. Este punto de vista hallaba eco, en varios miembros de la generación ascendente de científicos alemanes. Pese a las barreras impuestas por la guerra, Bohr, en Manchester, no tardó en recibir noticias de Alemania. Así pudo saber, que algunas predicciones teóricas, hechas a partir de su estructura atómica cuántica, estaban ya desembocando en avances espectaculares, para la nueva ciencia de la física subatómica. Aunque las preguntas sin respuesta, suscitadas por la estructura de Bohr seguían allí, se iba haciendo evidente que explicaban demasiadas cosas, como para abandonarla. A Bohr le emocionaba, este desarrollo de los acontecimientos.

Tanto era así, que dio el paso poco habitual, de intentar confirmar una de las predicciones alemanas, por medio de un experimento práctico.

Los complejos aparatos que exigía el experimento, requerían intrincadas y menudas piezas de cristal y Rutherford se aseguró, de que Bohr contara con los servicios, del mejor hombre disponible. Éste resultó ser un alemán llamado Otto Baumbach.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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