Incertidumbre. Un enigma. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
No fue hasta el año siguiente cuando les rayons uraniques de Becquerel llamaron la atención de una nueva investigadora, que estaba al acecho de un área inexplorada en la cual marcar un hito. Esta novata era Marie Curie, nacida María Sklodowska en Varsovia de padres maestros. Como Polonia en esa época, estaba bajo el opresivo dominio ruso, Maria y su hermana mayor Bronia, tramaron un plan para conseguir la libertad en cualquier otro país. Bronia marchó a París a estudiar medicina, mientras que María, a quien los franceses llamaban Marie, se decantó por la física y las matemáticas. Incluso en París, que era más acogedora para las estudiantes femeninas, que la mayoría de ciudades europeas, la suya fue una decisión valiente. El saber aceptado en aquellos tiempos, sostenía que la inteligencia femenina, si se podía educar, era más apta para las ciencias biológicas y médicas, más suaves. Pero Marie, obstinada e independiente, se forjó su propio camino. Conoció a Pierre Curie, un físico 8 años mayor que ella, pero igual de terco, y se casó con él. Ambos se embarcaron con determinación, en su propia línea de investigación.
Sin dejarse asimilar por la convicción de Becquerel, de que el uranio era el ingrediente crucial, Marie Curie investigó sistemáticamente todo tipo de minerales, tanto los comunes como los raros, para comprobar si emitían rayos penetrantes. El oro y el cobre no hacían nada. Todos los minerales del uranio eran activos, como ya había concluido Becquerel, pero también el mineral llamado aeschynita, que no contenía uranio. La pechblenda, el principal mineral del uranio, era efectivamente activo, pero, en realidad, demasiado activo: producía emanaciones en mayor densidad de la que Marie calculaba a partir de su contenido conocido en uranio. En resumen, ella concluyó rápidamente que había cosas, además del uranio, que emitían les rayons uraniques.
Los Curie sabían que el propio bismuto no era activo. Por lo tanto, algún elemento nuevo, químicamente similar al bismuto y que lo acompañaba, tenía que ser la fuente de la actividad. Al anunciar este resultado en abril de 1898, los Curie propusieron llamar a este nuevo elemento “polonio” en honor a la tierra natal de Marie. Más tarde ese mismo año encontraron pruebas de un segundo elemento, que aparecía en extracciones químicas del bario. A éste lo llamaron “radio”, en un informe al que también otorgaron un nuevo nombre, “radiactividad”, sobre el fenómeno que fue descubierto originalmente por Becquerel.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.