El átomo. El "Argé". VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Con el sucesor de Anaximandro en Mileto, Anaxímenes, volvemos a la forma de pensar de Tales. A primera vista, la proposición fundamental de este lejano discípulo, no es más que una variante de la del fundador de la escuela: el aire sustituye al agua como sustancia primordial. De hecho, la importancia y la originalidad de Anaxímenes, residen en su proposición explícita, sobre la manera en que los otros cuerpos naturales, provendrían de esta sustancia primordial. Consideraba para ello dos procesos esenciales, la rarefacción y la condensación, relacionadas con el aumento o descenso de la temperatura. Así, el aire, al rarificarse, se convertiría en fuego, mientras que, al condensarse, conduciría sucesivamente al viento, al agua, a la tierra y a las piedras.
Si la afirmación de Anaxímenes, de considerar al aire como sustancia primordial, puede parecer un retroceso, un paso atrás en el camino de la abstracción, con respecto al apeiron” de Anaximandro, una elegante interpretación de André Pichot, sugiere, sin embargo, que las cosas pueden verse de otro modo.
Al mismo tiempo, a la vista de la preeminencia concedida al aire por Anaxímenes y, dadas las doctrinas dominantes en su época, no tiene nada de raro, que asimilase este elemento a Dios. Así, Aecio afirma: “Anaxímenes decía que el aire es Dios”.
La proposición de Anaximandro, que hace del aire la sustancia primordial, fue adoptada por varios presocráticos: Idaho de Himera, Arquelao de Mileto y Diógenes de Apolonia. Poseemos algunos fragmentos de los escritos de este último que dicen: “En mi opinión y, para formularlo de un modo sucinto, todas las cosas provienen de las modificaciones de una misma sustancia primordial y son esa misma sustancia. Y esto es fácil de ver. En efecto, si lo que se encuentra actualmente en nuestro mundo – tierra, agua, aire y fuego y, todo lo que aparece ante nuestros ojos en este mundo -; si estas cosas repito, difiriesen unas de otras por su naturaleza y sí, pese a sus cambios y modificaciones múltiples, no siguiesen siendo la misma esencia primordial, no podrían ni mezclarse unas con otras, ni ejercer ninguna acción unas sobre otras, ni favorable ni perjudicial. Ninguna planta podría nacer de la tierra, ningún animal podría ser creado, sino fuera por una ley de la naturaleza, según la cual existe una sustancia única y singular…”
En mi opinión, la sustancia primordial que contiene la inteligencia, es lo que los hombres llaman aire; es él quien lo gobierna todo y quien lo rige todo, es también él quien para mí es Dios; está presente en todo, lo ordena todo y en todo existe. No hay nada, absolutamente nada, que no participe del aire; pero esta participación es diferente según las cosas y, hay muchos grados de aire, igual que los hay de inteligencia. Es, en efecto, muy diverso, a veces más caliente, a veces más frio, a veces seco, a veces húmedo, a veces tranquilo, a veces violentamente impetuoso. En todos los seres vivos, el alma está compuesta de la misma sustancia, a saber, el aire, un aire mucho más cálido que el aire exterior que nos rodea y, mucho más frío que el aire que se encuentra cerca del Sol. Y no hay dos seres vivos, en los que el grado de calor del aire sea idéntico.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.