El deseo de saber
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
La inmensa mayoría de la humanidad tenemos curiosidad por saber el qué y el porqué de lo que sucede en nuestro entorno, y reflexionamos y nos hacemos preguntas que en muchas ocasiones no logramos respondernos. Una sociedad democrática es por definición y principios constitutivamente plural y diversa.
De ahí que el empeño de muchos mandamases en unificarnos y en imponer la unicidad, este muy lejos del ejercicio democrático, porque es contrario a la propia esencia del pueblo. Los medios de comunicación y las redes sociales que tan importante papel juegan en el mundo actual, son un fiel reflejo de esa variedad que existe aquí o allá, la libertad de expresión es la manifestación más patente de esta riqueza ciudadana.
Sin embargo en sentido contrario asistimos a la ceremonia de muchos individuos abducidos por los móviles y las diferentes pantallas de los diversos artilugios que le introduce en una idiotización y pobreza intelectual que les impide pensar y decidir por ellos mismos, sin seguir lo que dicen las plataformas digitales.
Un régimen autoritario, dictatorial, autárquico se diferencia fundamentalmente de un sistema democrático en la ausencia de libertades, que impide el ejercicio de los derechos a los ciudadanos y les convierte en súbditos. Uno de los derechos, es el derecho a la información , que puede adulterarse de muchos modos, y uno de ellos es simple y llanamente comprando a quienes tienen que dar la noticia, para que hagan propaganda o se dediquen en el mejor de los casos a intentar hacer publicidad engañosa y otra es intentando acabar con quien no se deja comprar.
Esta situación que pudiera parecernos lejana, pues vivimos en un país constitucionalmente democrático, realmente puede estar tan cerca que nos puede quemar y es altamente perjudicial para todos y todas, para el pueblo que recibe diariamente una información falsa, para el profesional que se prostituye y se convertirá en un mercenario sin amo a quien servir y sin dignidad que defender y al político de turno que esa propaganda panfletaria solo le conducirá a su propia destrucción.
Y en toda esta confusión escandalosa al servicio del poder, los servidores, los plebeyos de los patricios de turno, aun cuando resulte paradójico ya que deberían históricamente ser sus oponentes y no sus siervos continúan sus carreras, sus sonrisas y poses, sus actitudes artificiales para agradar a quienes ostentan el poder.
A esta lista hay que añadir algunos personajes siniestros que siempre ven bien aquello que hagan los poderosos, sin saber que estos son solo instrumentos, y que el verdadero poder es como decía Víctor Hugo, “la conciencia al servicio de la justicia y que la verdadera gloria, es el genio, al servicio de la verdad”.
Lo más cómodo, lo fácil es ante esas situaciones es cerrar los ojos o dejarnos llevar por la corriente del momento, sin pensar que realmente esta degeneración ética nos afecta todos si no somos capaces de combatirlas, si no adoptamos una actitud firme, estamos siendo cómplices de una corrupción tan grave que compromete seriamente el sistema democrática y la defensa de la libertad.
La persecución de estas actitudes, el ser intolerantes con quienes pretenden persuadirnos, que el servicio al bien común pasa en ocasiones por sacrificar la lucha por la verdad, es un juego inmoral y peligroso porque a través de esta concepción iremos poco a poco justificándolo todo.
No debemos dejar de aprender y quienes no creen en la verdad, tendrán la tentación de confiar toda decisión, toda elección, a la fuerza y existen muchas clases y modalidades para secuestrar y someter al ser humano. Si hay algo que debamos hacer desde la sociedad civil para dar respuestas a estas conductas es caminar hacia un mayor control de las actuaciones de nuestros representantes, acercar en definitiva la política a la gente y situar los partidos no al servicio de sí mismos desde una concepción patrimonial y endogámica sino al servicio de la sociedad.