El peligro de la desinformación
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Ser capaces de movernos y entendernos entre la desinformación, la mala información y el exceso de la misma o infoxicación no es tarea fácil sino compleja. Además todo indica que en los próximos años sino agudizamos nuestro sentido crítico, la cosa puede ir a peor.
Y toda esta atmosfera aumenta la desconfianza en la realidad y en las instituciones y quienes la representan. En la actualidad hay plataformas especializadas en difundir información falsa, bien en forma de noticias, las conocidas fake news, teorías de la conspiración, incluso manipulaciones de imágenes y descontextualizaciones de hechos.
Nos preguntaremos ¿con qué finalidad?. No hay que analizar en profundidad para llegar a la conclusión que en la mayoría de las ocasiones se hace con el propósito de manipular, influir en la opinión pública o lograr ventajas estratégicas
Los tiempos que vivimos son importantes para la difusión de la desinformación, a través de las plataformas digitales y las redes sociales y observamos que se amplifican y extienden con más facilidad los contenidos falsos y con fines maliciosos y vemos con preocupación la falta de verificación de las mismas y la viralidad y el impacto que provocan.
La propagación de la información falsa puede tener consecuencias sociales, políticas y económicas, que a veces pueden ser tremendamente perjudiciales y devastadores, de tal manera que llegan a influir en decisiones electorales e inducir el voto en una dirección determinada, o provocar pánico en situaciones de crisis, dañar la confianza pública, enfrentar y dividir comunidades hasta lo que hoy llamamos polarización y radicalización social.
Con frecuencia la desinformación representa una gran amenaza para la seguridad. En la política es una estrategia para desestabilizar naciones, debilitar instituciones, desprestigiar a nuestros representantes y fomentar la discordia, en lugar de facilitar el acuerdo.
Por tanto los actores maliciosos se sirven de ella y la utilizan para crear situaciones de caos, afectar a la toma de decisiones políticas, que buscan más los intereses perversos que el bienestar social y amenazan la seguridad individual y colectiva.
Resignarnos no es la solución y no nos podemos conformar con la amalgama de información que nos bombardea permanentemente, a modo de consignas que hemos de obedecer sin discutir, sino que para prevenir ser víctimas de la desinformación hemos de tener la curiosidad intelectual de consultar varias fuentes de confianza, para que podamos tener una idea más completa y precisa, ya que verificar los hechos.
Tampoco podemos tragarnos la información que nos llegue, sin poner en marcha nuestro pensamiento crítico, para comprobar y constatar si lo que nos llega o vemos publicado es verdadero o falso y no nos genera ninguna curiosidad, sino que nos provoca angustia e intenta inundarnos con recursos baratos.
Una de las cuestiones que siempre que intenten asaltarnos con alguna narrativa, es poner en marcha nuestro sentido común y dejar de nadar entre palabras que nos conducen a la comodidad y no nos olvidemos de asegurarnos que la información que hemos recibido es relevante en el momento que la estamos consultando.
Hemos de tener mucho cuidado para no fabricar la información a nuestro gusto, ni dejarnos llevar por titulares sensacionalistas o inverosímiles, sabiendo contextualizarla para evitar malentendidos y tergiversaciones, manteniendo la calma y no dejándonos arrastrar por las emociones, fortaleciendo los cimientos de una comunicación veraz.