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Incertidumbre. Partículas excitables. VI


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Durante el siglo XIX, muchos clérigos mantuvieron un interés práctico y activo, en las ciencias observacionales y de recolección: botánica, geología, zoología, etc. La conexión clerical aparece en Middlemarch, cuando el decididamente ateo hombre de ciencia doctor Lydgate, visita al agradable y poco teológico reverendo Farebrother y, descubre que el pastor posee una impresionante colección de historia natural, que incluye especímenes, libros y revistas. Feliz de encontrar a un compañero filósofo de la naturaleza, Lydgate se ofrece a mostrar a Farebrother algunos de sus propios objetos, en especial “lo nuevo de Brown – Microscopic Obaservations on the Pollen of Plants – si es que no lo tiene todavía.

Aún más, los jesuitas y muchos otros hombres de Iglesia, cuentan con una educación sorprendentemente amplia y rigorosa en filosofía, lógica e incluso matemática. Estos hombres estaban especialmente bien preparados, para tratar con problemas que ahora denominaríamos interdisciplinarios, pero que en aquellos tiempos eran simplemente parte de la vasta empresa llamada ciencia. En cambio, en la segunda mitad del siglo XIX los físicos matemáticos, iban camino de convertirse en una clase aparte, habitantes de su propia recóndita disciplina, un reino en el que, incluso los que tenían un adecuado dominio amateur de las matemáticas, cada vez eran más reacios a penetrar.

Esta creciente división significo que, a finales de la década de 1870, varios científicos percibieron la correcta explicación cualitativa, del “movimiento browniano”, aunque carecían de los medios para exponer su hipótesis en términos cuantitativos convincentes. Aunque nos parezca extraño, es difícil encontrar a alguien, dispuesto a atribuirse el mérito de comprender la respuesta. En un número de 1877 del Monthly Microscopical Joural de Londres, por ejemplo, encontramos que el padre Joseph Delsaulx, S.J. atribuye a un colega anónimo la idea de que el “movimiento browniano”, resulta de la agitación constante de pequeñas partículas, por los átomos o moléculas que componen un líquido.Los señores reverendos estaban en lo cierto, pero su falta de sofisticación matemática, impidió que avanzaran mucho más. Delsaulx sugirió vagamente, que la amplitud observada en el “movimiento browniano” – lo lejos y rápido que viaja una partícula en cada zigzag – debía tener algo que ver con lo que él llamaba “la ley de los grandes números”. En esa época, era evidente que una molécula de líquido era demasiado pequeña, para que un solo impacto con una partícula browniana provocase un movimiento perceptible. Las variaciones de los impactos en los diferentes lados de las partículas brownianas, las hacían sacudirse por todas partes. Al mismo tiempo, cuanto mayor era el número de partículas implicadas, la tendencia de sus impactos aleatorios a anularse aumentaba, reduciendo el movimiento.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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