Maldades y bondades
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Ejercemos nuestros derechos sembrando bondades y superando maldades, y entre satisfechos e irritados, el paso del tiempo y el peso de las ideas, fabricamos nuestro propio mundo, debemos vivir el presente con la mayor plenitud y equilibrio, lejos de arbitrariedades y discriminaciones, de rumores infundados y de no saber perder.
Cuando nuestro espíritu se abre a otras realidades, podemos estar más tranquilos y confiados, sin necesidad de ver todo de color de rosa y con la capacidad de adaptarnos y movernos con equilibrio y energía. Aprendemos a frenar los movimientos incontrolados y calmar nuestros impulsos para estructurar mejor los proyectos que nos hemos planteado.
Si somos capaces de ampliar nuestra visión, es posible que las cosas puedan aclararse y no incurrir en lo estrambótico, ni convertir a nadie en un títere, sin profundizar en lo esencial y quedándose en la anécdota, sin caer en el laberinto en lugar de clarificar nuestros pasos hacia los objetivos que queremos conseguir.
Las bondades que practiquemos nos harán sentir como las esperanzas están más cerca de hacerse realidades y lograr nuestros objetivos si son nobles y los medios legales, y si sabemos colocar los intereses generales por encima de los particulares, poniendo nuestro granito de arena para construir una sociedad más fuerte, justa y equilibrada.
Sin embargo las maldades que sembremos suelen ser dañinas para nosotros y los demás, y causa y origen de desastres y calamidades, dibujando una sintomatología patética de falta de coherencia y respeto a nosotros mismos y a los otros, aflorando los niveles de incompetencia y presumiendo en muchos casos de todo cuanto ignoran.
Entre maldades y bondades, saltamos de las rabias a las alegrías, de las humillaciones a las dignidades, y entre satisfacciones y resentimientos, nos sentimos arropados por los ánimos de quienes nos apoyan con sus palabras y sus gestos.
En cualquier tiempo y en cualquier lugar, cuando menos lo esperamos nos encontramos con los errores y los aciertos de la gente mala y de la buena, y en esa toma de contacto con la realidad, caemos del nido desde el que siempre creemos poder dominar las situaciones y transformar su complejidad en la sencillez que más y mejor nos conviene.
Vivimos superando maldades y repartiendo bondades, y podemos llegar a creernos invencibles, y cuanto más éxito nos parece haber alcanzado, menos respiro nos concedemos, y en más ocasiones de las necesarias y deseadas olvidamos lo importante y no cultivamos la planta de la amistad ni el jardín de las relaciones, pensando que siempre van a estar ahí y un día cuando paramos, nos damos cuenta que se fueron sin avisarnos ni querer molestaros porque estábamos muy ocupados.
Nos creemos que todos aquellos con los que nos tropezamos a lo largo de nuestras vidas han de compartir nuestros puntos de vista porque así demostrarán que están con nosotros, sin pensar que sólo quienes se quieren son capaces de asumir sus contradicciones y diferencias, sus maldades y bondades.
En todo este proceso no debemos pasar por alto los pequeños detalles, cuando todo lo que es sol y sal de nuestra existencia está formado por instantáneas vividas con intensidad y teñidas de sentimientos, que dejan su huella en nuestra memoria emocional.
Deberíamos aprender a disfrutar, que somos capaces de cometer equivocaciones y además admitirlas, y que esto no produce un cataclismo mundial, ni hace que el universo se pare, ni tan siquiera pondremos en peligro nuestro prestigio y credibilidad, sino que nos permitirá hacerle hueco a otros pensamientos y adoptar otras soluciones.
Juzgamos a los demás con excesiva ligereza y colocándonos en la atalaya de nuestra absurda e inexistente perfección, pontificamos sobre lo que no sabemos y dogmatizamos como los doctores de la nada, para quienes el resto de la humanidad sólo somos unos descamisados e ignorantes, incapaces de percibir el mundo con claridad de sus prodigiosas mentes.
Ocurre a todos los niveles desde el internacional al local. Así Donald Trump, en su primer mitin tras el relevo demócrata calificó de radical a la aspirante demócrata Kamala Harris, a la que culpó de la crisis migratoria y de la entrada de 20 millones de extranjeros y le espetó diciéndole ¡Kamala estás despedida!
Hay personajes que en su afán por lograr el record del disparate , corren sin saber por qué ni hacia dónde, y se sienten suspicaces e irascibles, y emprenden aventuras en las que el sentido común está ausente, y no son capaces de analizar sus meteduras de pata, se encierran en su concha de marfil, permanecen ciegos a los cambios, lo que les conduce inevitablemente a repetir sus desatinos.
Tenemos que procurar ser más sensibles y menos impresionables, no hacer castillos en el aire, y centrarnos en las cosas importantes, separando la paja del grano, y no sucumbiendo a un escapismo, que nos sitúa siempre en un estado de levitación, de estar como en una nube, fantaseando sin tregua y no pisando el suelo a la hora de tomar decisiones.
Tampoco obremos de forma impulsiva, viviendo cada minuto a la ruleta rusa, en un estado de angustia y ansiedad en la que nada nos satisface ni nos parece bien. Tomar el camino adecuado exige muchas veces, reflexión y energía, y no tener miedo de enfrentarse con las gentes y las situaciones por muy difíciles que estas parezcan.
Cuando el error llama a nuestras puertas, de sabios es rectificar, y el mundo no siempre es en blanco y negro. Existe otros colores y diverso tonos y matices, quienes sólo saben ver los sujetos, los objetos y las situaciones en esta dualidad cromática, se pierden muchas sensaciones y experiencias, y en el colmo de su egolatría acaban solos y rechazados, negando cualquier posibilidad de discusión, y todo lo que no sea la exaltación de su verdad.