Incertidumbre. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Heisenberg decía: “diferentes observadores ven el mundo de forma diferente”. Pero esto para Einstein, era una monstruosa distorsión de su mayor descubrimiento. Con toda seguridad la relatividad admitía diferentes perspectivas, pero todo el argumento central de su teoría, era admitir que observaciones aparentemente contradictorias, pudieran reconciliarse de una forma que todos los observadores pudieran aceptar. Segú Einstein, en el mundo de Heisenberg, la propia idea de un hecho cierto parecía desmoronarse, ante una variedad de puntos de vista irreconciliables. Y eso, a juicio de Einstein, era inaceptable si la ciencia tenía que representar algo fidedigno. Y he aquí otra feroz lucha intelectual: Heisenberg y Bohr, esta vez uniendo sus fuerzas contra el viejo maestro.
Desde esta variable debate a tres bandas, finalmente surgió una definición práctica ordinaria del “principio de incertidumbre”, que la mayor parte de los físicos continúan juzgando conveniente y, al menos, moderadamente comprensible. Einstein concedió a regañadientes, lo conveniente del sistema que Heisenberg y Bohr habían diseñado. Pero jamás aceptó que fuera la última palabra. Para él, la nueva física no dejaría de ser, hasta el día de su muerte, un compromiso insatisfactorio, una medida provisional, que finalmente habría que reemplazar, con una teoría basada en los viejos principios que él mantenía. Einstein insistió con tenacidad que la incertidumbre de Heisenberg, era un signo de la incapacidad humana para comprender el mundo físico, no un indicio de algo extraño e inaccesible acerca del mundo en sí.
El profundo disgusto de Einstein, por la clase de física que Heisenberg y Bohr estaban forjando, alcanzó su plenitud en lo que realmente fue una lucha por la esencia de la ciencia. En la década de 1920, cuando surgió está nueva física, era del todo evidente que los fundamentos de la ciencia física, estaba sometidos a un análisis sin precedente. Y empezaron a aparecer grietas. Con la supervisión de Bohr, se reconstruyeron las bases, mientras la superestructura se mantenía más o menos como estaba. Entre los protagonistas no hubo voces neutrales. Ni tampoco se perfilaron dos bandos claramente alineados el uno contra el otro. Las alianzas fueron cambiando. Los puntos de vista también. E incluso hoy, el escéptico espíritu de Einstein persiste sobre la ostensible victoria, reivindicada por Bohr y sus adeptos.
Pues eso.
Continuara.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.