Llamar a las cosas por su nombre
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
La importancia del lenguaje en la vida es fundamental para relacionarnos con los demás y para llamar a las cosas por su nombre, sin perdernos ni en lo superficial ni en lo irreal, Resulta un placer el buen hablar y el bien escribir, las palabras habladas y escritas que antes han sido pensadas.
Observamos con frecuencia como algunos líderes aparecen en público , rodeados de acólitos y fieles seguidores, interesados en reforzar al líder presentándoles las cosas con el nombre que al mandamás le gusta oír y no realmente por su nombre.
Y no solo con el lenguaje oral, sino con su actitud corporal de sumisión y sometimiento y sus continuas genuflexiones, de lo que tú digas siempre mi amo, que para eso eres quien nos pagas. Podríamos entrar a analizar, a la hora de llamar a las cosas por su nombre, analizar a modo de ensayo filosófico, la importancia que a lo largo de nuestras vidas tiene el fondo y la forma, lo sustancial y lo accidental, lo importante y lo anecdótico.
Creo que todo esto nos llevará a n tiempo y un espacio con el que en ocasiones no contamos y además podemos caer con facilidad en la tentación de aburrir hasta las piedra, entre vocablos rebuscados y perdidos en una retórica inútil que no se parece en nada a la realidad.
A veces las palabras que empleamos para llamar las cosas o describir las situaciones evidencian nuestra concepción y nuestra manera de entender y de ver lo que está dentro y fuera de nosotros, no en el compromiso del servicio a la comunidad sino en el sentido frívolo, de que todo es apariencia, ficción o simulacro y que la mercadotecnia puede hacer de un idiota, un candidato a lo que sea.
El PP en la reunión de Feijóo con sus lideres y lideresas autonómicas ha escenificado a las puertas del palacete de los Duques de Pastrana, como si se encontrará en la escalera de entra de la Moncloa, mientras que Ayuso no logró arrastrar a los barones al plante de Sánchez, pero todos renuncian a lograr acuerdos bilaterales.
Tal y como decía el portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López ,este Trampantojo de “todos a una “, no acabó de salirle del todo bien y el Comité Federal, a pesar de algunas críticas, ha fortalecido aún más el liderazgo de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE.
Aquellos que como el PP, desprecian el contenido de las ideas y carecen de proyectos para transformar la realidad en una sociedad mejor, y son cautivos del maquillaje, y viven pendientes del que dirán y de las apariencias e ignoran lo que dicen los demás, acaban solo engañándose a si mismos, porque el pueblo más temprano que tarde termina colocando a cada uno en su lugar.
Dedican todos sus esfuerzos en decir con énfasis, aquello en lo que no creen ni de lo que están convencidos con tal de garantizarse un titular en la prensa, o difundir el mayor de los bulos, y de su mano la más brillante ocurrencia se convierte en la mayor estupidez porque siempre se mueven en la superficie y no profundizan en nada.
En su falta de autenticidad jamás dicen lo que piensas, nunca piensan lo que dicen, no cumplen en ningún caso lo que prometen y no llaman a las cosas por su nombre. El engaño es su premisa y su práctica el disimulo, desconocen la solidaridad y lo que es expresarse con claridad y oscurecen sus mensajes en la verborrea sin sentido de un lenguaje vacío que solo alimentan el odio y el enfrentamiento, que se pierde en un inútil bosque de palabras que nada significan.
Corren desesperadamente en busca de la foto perdida y huyen ante la posibilidad de tener que doblar el espinazo, y es que en el fondo además de pequeños miserables, son grandes vagos, aun cuando en la forma parezcan permanentemente ocupados.
La lógica y el equilibrio aconsejan que es deseable que nuestros políticos tengan una presencia activa no sólo en los medios de comunicación sino en la calle, en permanente contacto con los ciudadanos, que demuestren que saben pensar, que tienen inquietudes, sensibilidad ,valentía e iniciativa y que el resto de los mortales nos enteremos a que dedican nuestro tiempo, por tanto quien trabaja para nosotros debe darnos cuenta públicamente de lo que hacen.
La salud democrática de las instituciones no necesita de los faranduleros que todo lo cifran en el mensaje y tienen una especial alegría a la gestión, ni de aquellos topos y avestruces, que además de no hacer nada, intentan esconderse en el anonimato de no molestar, para continuar perviviendo, sino de aquellos que voluntariamente han elegido la responsabilidad política, tienen la obligación no sólo de resolver nuestros problemas y mejorar nuestras vidas sino de tenernos bien informados. Por tanto, acostumbrémonos a llamar a las cosas por su nombre .