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Afganistán. Los problemas perennes


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La falta de preparación de una población para dirigirse por sí misma, me parece, fue, en gran parte, responsable del fracaso de las reformas que se dieron en Afganistán, en la década de los años sesenta del pasado siglo. A lo largo de su complicada historia, el gran problema de las instituciones afganas, fue la incapacidad de legitimar su autoridad, en un país en el que la sociedad rural, estaba atada a las tradiciones ancestrales y al Islam. Sus diversas etnias se encuentran, en muchos casos, enfrentadas unas con otras, y predominan, aún hoy, instituciones consuetudinarias.

Históricamente, los campesinos en Afganistán, han percibido todo aquello que viene de las ciudades, como un elemento peligroso del que hay que desconfiar. En muchos casos, el Estado es visto exclusivamente, como aquel que reclama el pago de los impuestos, obliga a sus hijos a realizar el servicio militar, e impone directrices que van en contra, de todo aquello que los campesinos conocen, y que consideran como propio y seguro. Además, el analfabetismo en el campo sigue siendo muy elevado. Los intentos de la capital, por acabar con tradiciones y prácticas establecidas, y por llevar la modernidad a las áreas rurales, han fracasado hasta hoy, debido a la falta de respaldo de los campesinos. Sin embargo, la influencia de las reformas tampoco destacaba demasiado en las ciudades, hasta el punto de que en Kabul, la participación en las elecciones no superaba nunca, la mitad del censo electoral.

Las diferencias étnicas, siempre han desempeñado un papel importante, no siempre en sentido positivo. Los pastunes fueron los impulsores de la unión del país, y sus instituciones determinaban, en gran medida, la organización del Estado afgano. Sin embargo, a pesar de que la nueva situación, les pareciera positiva, las étnias no pastunes, siempre recelaron de los cambios políticos, porque estos estaban dirigidos por pastunes. Es evidente que en Afganistán, la diversidad étnica, tribal, lingüística y religiosa, ha hecho de su gobierno una tarea extremadamente complicada, lo que ha venido ha dificultar, el proceso de construcción nacional o, lo que es lo mismo, la consecución de una identidad nacional común. La cohesión nacional ha resultado imposible, y ha impedido la existencia de una autoridad central fuerte.

Los diferentes gobiernos surgidos desde 1953, a pesar de ser conscientes de que el Islam, era un factor de unidad, jamás optaron por desarrollar una ideología cultural islámica, pero tampoco se preocuparon de buscar una alternativa. El ejemplo más claro, quizá sea el de la Constitución de 1964, mas cercana a los textos constitucionales occidentales, que a los códigos islámicos, a pesar de consagrar al Islam como religión del Estado. La consecuencia fue que dicha Constitución, resultó incompatible con la sociedad a la que tenía que regir, y que los afganos nunca la percibieron como una guía ideológica.

La ausencia de una ideología dominante, conllevó que la intelectualidad afgana, concentrada básicamente en Kabul, fuera vulnerable a la influencia de ideologías radicales, como el marxismo o el islamismo, cuando los problemas internos se acrecentaron y el Gobierno fue incapaz de resolverlos. Progresivamente los gobiernos democráticos, se vieron envueltos en la necesidad de introducir elementos seculares, en su política para satisfacer a los sectores reformistas, y frenar el auge, cada vez más peligroso, de los comunistas, entre la élite intelectual de la capital. Por otro lado, los sucesivos primeros ministros, se vieron asimismo obligados a recurrir a la religión, para reforzar su posición ante los grupos más tradicionalistas, e intentar poner coto, al emergente movimiento islamista, en los ambientes universitarios. Los gobiernos democráticos, se encontraron entonces, con que su deseo de secularizar el Estado, pero a la vez, hacer del Islam un factor de unidad de la sociedad, entrañaba una contradicción, que acabaría por hacer fracasar, los intentos de modernización del Estado.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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