El primer “Ochomil”. El Annapurna. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Un segundo avión trasladó a la expedición francesa, de Nueva Delhi a Lucknow, donde les aguardaba Ang Tharkey, el sirdar (“jefe”) de los porteadores sherpas. Estos se unieron a la expedición en Nautanwa, postrera localidad india, antes de cruzar la frontera con Nepal. A partir de entonces, los franceses entraban en “tierra virgen”, donde ningún europeo había puesto el pie en los últimos cien años.
Las ladeas fueron sucediéndose y, el 10 de abril los expedicionarios entraban en Tansen, capital de la provincia que estaban atravesando. Durante los tres días que permanecieron allí, organizando las cargas y, reclutando nuevos “culis”, todos tuvieron ocasión de trepar a la colina que dominaba el pueblo, desde donde podían divisar ya, las montañas de la lejanía. Herzog es bien explícito, al recoger el sentimiento común a todos:
“El momento en que descubrimos el objeto de nuestros ensueños fue emocionante. A primera vista no distinguíamos más que algunas brumas vaporosas; pero al observar con mayor atención, nos fue posible discernir verdaderas murallas de hielo elevándose sobre la neblina… La resplandeciente muralla se nos mostraba colosal, sin la menor falla. Las cimas de 7.000 m sucedían a las de 8.000. La grandiosidad del espectáculo nos dejaba anonadados”
El avance hacia Tukucha prosiguió por el valle del Kali Gandaki. Dicho río nace al norte de Mustang, cerca de la frontera tibetana y, en su descenso hacia el sur, va horadando una abrupta garganta, que pasa por ser la más profunda del mundo: 5.500 metros de desnivel, en el tramo que divide los macizos del Annapurna y del Dhaulagiri. En ausencia de collados de latitud severa, la brecha del Kali Gandaki constituye una de las vías naturales de comunicación, más expeditas del Himalaya y, ha sido, en todos los tiempos – incluidos los actuales – la más importante ruta de intercambios comerciales, entre la India y el Tíbet. Pasado Ghasa, los franceses divisaron la arista sureste del Dhaulagiri, “aguda como la hoja de un cuchillo, erizada de torres de hielo y de cornisas de nieve”, que a primera vista les pareció inexpugnable. Más adelante, el bosque de abetos de Lete, muy similar a los de los Alpes, les sumergió en un baño de recuerdos agradables. Herzog, escribiendo con posterioridad a los hechos, comenta que “poco podía imaginarme que dos meses más tarde este encantador paraje, lleno de poesía, sería testigo de mi agonía”.
El 21 de abril, 15 días después, el grupo legó a Tukucha, donde procedió a instalar su cuartel general, dando así por concluida la marcha de aproximación. Este pueblo, situado a unos 2.500 m de altitud, contaba entonces con no más de 500 habitantes, budistas en su mayoría. Las casas, construidas al estilo tibetano, semejaban pequeños fortines; sus ventanas minúsculas, para evitar el paso del frío al interior, aliviaban apenas la pesadez de los muros. Los chiquillos, con la curiosidad retratada en sus semblantes, no tardaron en rodear a los inesperados visitantes, mientras los ancianos mantenían las distancias, recelosos de las intenciones de aquellos desconocidos de piel blanca, venidos de donde nadie sabía.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.