El primer “ocho mil”. El Himalaya. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Como es bien sabido, al menos entre nosotros los montañeros, El Himalaya constituye el sistema montañoso más vasto y elevado del planeta. Su nombre proviene de las palabras sánscritas hima y alaya, que significan “morada de las nieves perpetuas”. La cadena se extiende formando una abierta herradura de 2.500 km. Que separa las altas mesetas del Tíbet, de las húmedas llanuras de la India. Cuenta con 14 cimas superiores a los 8.000 m – los célebres “ochomiles” en el argot de los montañeros – y unas 200 que sobrepasan los 7.000. Ninguna de las cordilleras existentes en el resto de los continentes puede presentar semejante palmarés, ni aun una sola cumbre que alcance tales alturas. En términos geológicos, las del Himalaya son montañas jóvenes. Se originaron en el Terciario, hace “solo” 35 millones de años, por lo cual la erosión, no ha tenido tiempo suficiente para reducir sus colosales dimensiones y, suavizar sus agudos perfiles. Hoy las contemplamos casi como se levantaban en sus primeros días, llenas de fuerza y de agresividad.
Cien años después de la conquista del Mont Blanc, ascendidas todas las cumbres principales de los Alpes, los montañeros europeos dirigieron su atención a otros horizontes. Más amplios que estos, más misteriosos, los Andes se convirtieron muy pronto, en el escenario de las primeras gestas alpinas fuera de Europa. Cierto que en 1850 se sabía muy poco acerca de esta cordillera, la más larga de la Tierra. Y eso que en 1802 el barón prusiano Alexander von Humboldt, en su viaje a través de los nevados volcanes del Ecuador, había establecido un récord de altitud, en su intento de ascensión al Chimborazo (6.263 m), considerado entonces como la montaña más alta del Globo, teniendo que renunciar a los 5.878 m. a causa, según nos cuenta, del mal tiempo. Cerca de medio siglo después, cuando las exploraciones británicas en el Himalaya, revelaron la existencia de cumbres, considerablemente más elevadas, Humboldt, ya en su vejez, se lamentaría con aflicción: “Toda mi vida he creído que, de todos los mortales, yo era el único que había alcanzado lo más alto del mundo… ¡Me refiero a las laderas del Chimborazo!”.
Los primeros intentos de penetración europea en el Himalaya, se remontan a principios del siglo XIX. Por entonces, los británicos, instalados en la India desde mucho tiempo atrás., empezaban a descubrir el encanto de los valles y aldeas situadas a los pies de las montañas, adonde acudían durante los meses de verano, para huir de los agobiantes calores monzónicos de las grandes ciudades. El contacto con el estilo de vida simple y sin prisas de sus habitantes, llegó a convertirse en una especie de peregrinaje, no tanto a una tierra remota, como al interior de sí mismos. Luego, en 1851, se creó la Geological Survey of India, sociedad dedicada a la investigación científica de dicho país. Comenzaba así la edad de oro de la exploración del Himalaya.
Aquellos geólogos y topógrafos pioneros, se adentraron en zonas consideradas como inaccesibles, sometiéndolas a estudio. A ello debemos los primeros trabajos de triangulación, de las grandes cumbres del Himalaya. Y, al cotejar sus mediciones, comprobaron con enorme sorpresa por su parte, que muchas de ellas superaban los 7.000 y aun los 8.000 metros, alturas inconcebibles para la mentalidad de la época.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.