Bohr. Verdad poética y verdad científica. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Después de haber abordado algunos de los problemas de la ciencia, que se refieren a la unidad del conocimiento, seguimos planteándonos esta pregunta: ¿existe una verdad poética, espiritual o cultural, distinta de la verdad científica? Con todas las reservas que debería tener un físico, al adentrarse en estos dominios, nos aventuraremos a hacer algunas observaciones sobre esta pregunta, desde el punto de vista que acabamos de indicar. Admitida la relación existente, entre nuestros medios de expresión y, el campo de experiencia al que se aplican, nos enfrentamos directamente, con las relaciones entre el arte y la ciencia. El beneficio que el arte puede proporcionarnos, dimana de su facultad de hacernos sentir armonías, fuera del alcance de todo análisis sistemático. Cabe decir que literatura, pintura y música, forman una sucesión de modos de expresión que renuncian, cada vez más, a la definición característica de la comunicación científica y, dejan por tanto a la imaginación un despliegue más libre En particular, este fin se consigue en poesía, por la yuxtaposición de palabras que se refieren a situaciones cambiantes del observador, uniendo así en la emoción, aspectos múltiples de la experiencia humana.
Sin despreciar la inspiración necesaria a toda obra de arte, se puede decir sin, irreverencia que, incluso en el punto culminante de su obra, el artista se funda sobre las bases humanas, que nos son comunes a todos. En particular, es necesario comprender que una palabra tal como “improvisación”, que se nos viene tan fácilmente a la boca, cuando hablamos de éxitos artísticos, señala una característica esencial de toda comunicación. No solo en la conversación ordinaria, estamos más o menos inconscientes, de las expresiones que vamos a elegir para comunicar nuestro pensamiento, sino que aun en nuestros escritos, donde nos es fácil reconsiderar cada palabra, la decisión final, de dejarla o modificarla, equivale en esencia a una improvisación. Por otra parte, el equilibrio entre seriedad y humor, característicos de todos los verdaderos logros artísticos, nos recuerda aspectos complementarios, que nos sorprenden en los juegos de los niños y, que aprecia igualmente el hombre maduro. Si nos esforzamos en hablar siempre, completamente en serio, corremos el riego de parecer pronto ridículamente aburridos a nuestros oyentes y a nosotros mismos; pero si intentamos bromear todo el tiempo, nuestro humor y el de quienes nos escuchan, se mostraría enseguida tan desesperados, como el de los bufones de los dramas de Shakespeare.
En una comparación entre ciencia y arte no hemos de olvidar, naturalmente, que la primera consiste en esfuerzos sistemáticos, para aumentar nuestra experiencia y, desarrollar conceptos adecuados para su comprensión, que semejan el acarreo y acoplamiento de las piedras de un edificio, mientras que en el segundo nos encontramos con esfuerzos más individuales, más intuitivos, para despertar sentimientos que evoquen, la totalidad de nuestra situación.
Pues eso.
(Continuara)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.