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El teatro de la calle


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Para teatro, solo basta asomarnos a la calle cualquier día del año, y más ahora que estamos en plena primavera, y veremos actores y decorados para todos los gustos y asistiremos a representaciones de todo tipo, tragedias, comedias, y como no tragicomedias.

Nadie me negará que el teatro es un arte político, ya que comenzó haciéndose ante la polis y dialogando con ella. Debemos unir nuestros esfuerzos desde nuestras diferencias para continuar avanzando como sociedad y procurar ser persuasivos con los que nos rodean generando cercanía y confianza.

Mostrarnos distantes y ajenos a los intereses de aquellos que defendemos, normalmente provoca desconfianza e incluso rechazo. No quisiera con estas palabras afirmar que debamos aceptar todas las propuestas que nos lleguen, y creernos todo aquello que veamos y oigamos.

Pero no podemos negar que más veces de las que pensamos, los otros nos pueden aportar nuevas y mejores perspectivas sobre aquello que creemos conocer, por lo que no debemos descartarlas sin analizarlas a fondo, ya que estaríamos incurriendo en un acto de suficiencia y prepotencia, que no nos beneficia, ni aporta nada a la comunidad.

En el constante equilibrio de superar nuestras inseguridades e incertidumbres, y dotarnos de solidez en nuestras actitudes, no debemos ser quisquillosos y pensar que todo el mundo de este gran teatro del mundo quiere engañarnos, ni ser tan influenciables que prestemos oídos a los rumores mal intencionados del último de la fila, que intenta jugarnos una mala pasada.

La reflexión, la intuición y la prudencia son tres buenos ingredientes para actuar con la nobleza necesaria sin incurrir en la ingenuidad y la simplicidad. Hay que huir de los excesos y tener presente que los buenos resultados nunca son casuales, sino que tienen su origen en las ideas claras y el trabajo bien hecho.

Hay quienes les cuesta sangre, sudor y lágrimas mantener el equilibrio entre la cercanía y la distancia, entre el escenario de una sala y el teatro de la calle, entre alimentar conflictos y resolver problemas, y caminan por la vida entre sustos y sobresaltos dispersando inútilmente sus esfuerzos y energías, enfrentándose a todo el mundo en todo momento y librando batallas estériles que le harán estar siempre en guerra con nosotros mismos y el resto de los mortales.

Otros sin embargo, pretenden dar la razón a todos en todo momento, en un ejercicio imposible de contentar a la víctima y su verdugo. Es recomendable y saludable, poner una nota de sorpresa y novedad en nuestro quehacer cotidiano, explorando nuevas posibilidades sobre cómo abordar lo sabido, pero sin descuidar nuestras obligaciones y compromisos porque cuando menos nos lo esperamos podemos convertir una solución en un conflicto.

A veces la cercanía es distancia y viceversa, pero hacer el camino más corto y la palabra más comprensible, ayuda a estudiar las situaciones y buscar las soluciones, a no ser rehén de obsesiones y obstinaciones, a que su estrategia no pase siempre y necesariamente por nuestro propio egoísmo o por montar el espectáculo a la vista de todos.

Debemos admitir que hay momentos, sin caer en la psicopatología, en los que no hay quien nos aguante, y nos gustaría estar lejos de todos como si la presencia de los demás fuera una carga insoportable, mientras que en otros nos sentimos con una potencia y una vitalidad inusitadas en la que la buena compañía nos infunde ilusión y fuerza, tan lejos y cerca de nosotros mismos como si fuéramos dos personas distintas.

Nos movemos en demasiadas ocasiones, creyéndonos el ombligo del universo y seguro de nuestras certezas cuando estamos llenos de dudas y confusiones, y ya resulta una odisea mantener el ánimo vivo y dispuestos entre dos ilusiones, una mínima, la supervivencia, y otra máxima, la felicidad. Según lo cerca o lo lejos que nos sintamos de ambas así dibujaremos el cuadro de nuestra existencia.

La globalización nos ofrecen como cercanas e inmediatas, las guerras, masacres, invasiones y las hambrunas, aunque estén produciéndose en el espacio más alejado en kilómetros de nuestro Planeta Azul , mientras nosotros nos empeñamos en mantener una distancia terapéutica, como si esos crueles sucesos estuvieran ocurriendo en cualquier planeta de una lejana galaxia.

Creo que en la actualidad es más necesario que nunca, que no perdamos de vista de dónde venimos y cuál es nuestro horizonte, si olvidamos nuestros orígenes nos instalamos en la comodidad y perderemos la sensibilidad necesaria para seguir luchan por una sociedad más igualitaria y justa en un teatro en el espacio público en el que seamos los autores y los actores de nuestra propia obra.