¿No a la OTAN?
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Cuando el entonces Presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, nos metió en la OTAN, casi con nocturnidad y alevosía, me enfadé. Por aquel entonces yo era un joven antiatlantista, aunque a la par, muy europeísta. Estimo que mi principal factor de oposición, era el liderazgo que los EE.UU. ejercían sobre ella. El ser antiamericano estaba muy de moda entre los españoles. Pero también había motivos para ello: su colaboración con el franquismo, la guerra de Vietnam, sus intromisiones en la Cuba castrista…
De modo que cuando el PSOE, por la tremenda influencia de Felipe, cambió de posición, me vi en un brete. Sólo después de una extensa conversación con Alfonso Guerra, cambié mi posición, en parte por convencimiento y, en parte, por disciplina de partido. Han pasado casi 40 años (36). Y además, hoy tenemos una terrible guerra en Europa. Nos recuerda Máriam Martínez-Bascuñán, la pegunta que planteó, en su día, el filósofo marxista Étienne Balibar: ¿Cómo es posible desentenderse tan alegremente de asuntos tan ineludibles como la paz o la guerra, la dictadura o la democracia y, hacerlo además en el contexto de una guerra europea? Un debate que hoy algunos, pretenden esconder bajo la alfombra del discurso identitario y, el pacifismo de los buenos deseos. Pero, en mi opinión, esa es hoy justamente, la pregunta sobre el espacio ético de la izquierda.
Ví ayer en facebook, el cartel de una convocatoria, que me recordó a viejos tiempos: “No a la OTAN. No a las guerras por la paz”. El mensaje pude parecer, a primera vista, de gran claridad., pero si lo pensamos unos segundos, es en realidad bastante abstracto. ¿Las guerras por la paz? ¿Cualquier guerra? ¿Cualquier paz? Pero además ¿Dónde está Putin? ¿Dónde está Ucrania?, por supuesto ausentes. El problema es la OTAN y, querer detener una cruenta invasión de la soberanía nacional, con una respuesta militar. La paz se queda como fetiche discursivo: un símbolo vacío.
Que extraña me parece hoy, esa izquierda aún tan anclada, en los patrones ideológicos de los años ochenta y, que tal vez por eso, cada vez representa a menos gente. A veces me parece ver en ella, un descorazonador negacionismo, que la aparentaría demasiado íntimamente con la extrema derecha. Al menos para mí, la paz no puede significar ceder al matonismo del oligarca del Kremlin (recordemos el malhadado Pacto de Munich con Hitler). Aunque lo peor de esa desubicación ideológica, de esa izquierda que se reivindica como “auténtica”, no es ni siquiera su poco peso, sino que el estatus impoluto de su pacifismo, se apoya en la vida de otros, e intenta impedirnos crítica alguna.
Quizá lo peor, sea el silencio de quienes suelen machacarnos, con su imparable elocuencia ante las injusticias, pero, que hoy, cuando las bombas caen en un país amigo, no quieren hablar de Ucrania, ni de Putin, ni de Rusia, no vaya a ser que la tenaz realidad, les obligue a dudar y, a revisar sus ideales sin mancha alguna.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.