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Perder la sesera


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Mantener el equilibrio y saber ejercer el poder desde la mesura y el sentido común no es tarea fácil, y con frecuencia hay a quienes el poder les trastorna y aturde, y les hace creer que el mundo gira alrededor de ellos y en términos castizos acaban “perdiendo la sesera”.

A veces el personaje que se instala en el poder termina devorando a la persona, convirtiendo en estúpidos a seres aparentemente inteligentes, y con el paso del tiempo se produce una transformación de Hyde a mister Jeckyll.

Confirmamos como una persona abierta e ilusionada, se puede metamorfosear por los efectos de la droga “poderina” en la mayor de las bestias capaz de cualquier cosa con tal de lograr sus propósitos, que entre síntomas psicopatológicos desprecia todo lo que ignora y no escucha las voces de la calle.

Desde el estrellato del cargo, desempeñan todo tipo de roles que van desde quienes creen en su prepotencia todo les está permitido y en su soberbia pueden hacer lo que les da la gana, sin ser conscientes que esa actitud lo único que provoca es la desafección de la gente hacia la política y los políticos, y que corren el peligro de quedarse solos en sus discursos, maniobras y estrategias.

También están los que se instalan en la conspiración y se sienten víctimas permanentes de campañas políticas, que están montadas con la finalidad de destruirlos o aquellos otros que son tan imprudentes que acusan a sus adversarios de lo que ellos son totalmente responsables.

Tal vez a determinados especímenes , la anestesia que les produce la parafernalia de las poltronas, los inciensos y los halagos de los bufones a sueldo, les deje en un estado de sometimiento permanente a los jefes que los colocan y los mantienen en las listas o en sus puestos, se entregan a la defensa de los intereses de quienes manejan los hilos económicos desde la trastienda, la hoguera de las vanidades, el culto al boato y las apariencias.

Se creen con toda la impunidad para trastocar las reglas democráticas y pervertir el sistema, y piensan que todo les está permitido. Sostienen que el poder alcanza su máximo esplendor cuando se exhibe. Con la sesera fuera de sí, intentan fomentar el oscurantismo y el aislamiento ciudadano, como elementos de su actuación política.

Además practican la falta de empatía y la lejanía de los más vulnerables, con derecho a todo tipo de ventajas, prebendas y privilegios, situando a toda su familia y creando puestos y cargos superfluos e innecesarios para pagar favores y falsas lealtades.

Hay quienes justifican esta forma de actuar con toda la desvergüenza del mundo, sosteniendo aquello de que ”en política vale todo”, pues miren ustedes NO, no se puede ser un indecente, un granuja o un corrupto por muchas horas que se dediquen a la actividad pública, intentando hacernos ver que el fin puede en algunos casos justificar los medios.

Nos sorprenden desagradablemente los que en su mediocridad e inseguridad, frustración y resentimiento, tienen permanentemente guardada la daga, viendo amenazas en todo y todos, siempre y en cualquier situación e instalándose en la desconfianza y el recelo en una cruzada de persecución de cualquier discrepancia y de no exaltación de la sumisión a su autoridad.

Frente a esta fauna de mercenarios, con la sesera perdida, que intentan ocupar las instituciones, la inmensa mayoría mantienen la dignidad por defender sus ideas desde la coherencia de sus convicciones, saben que se deben al pueblo soberano que les votó, trabajan por el bienestar de la mayoría desde la cercanía y el conocimiento de la realidad, con naturalidad y honradez.