Asheham House y Monk’s House
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En un momento de la vida de los Woolf se produjo algo, que debería tener mucha importancia en sus vidas: el descubrimiento de Sussex. Cuando Leonard estaba con Virginia en Firle, un día en que paseaban por las colinas, hacia el valle del Ouse, en una concavidad del valle, se toparon con una casa de un aspecto extraordinariamente romántico. Estaba por encima de la carretera de Lewes a Seaford, pero una pradera con sus corderos, la separaba de ella. Estaba orientada al oeste y, desde las ventanas y la terraza, se disfrutaba de una vista sin igual, sobre los campos y el valle, hasta las colinas y, a lo lejos, el río. En la parte trasera, había un terreno en pendiente y, al sur y al norte, olmos que descendían hasta la carretera. A parte de las granjas tras la casa, ninguna otra edificación en los alrededores, excepto la cabaña de un pastor bastante lejos. El nombre de la casa: Asheham House.
El matrimonio indagó más y, se enteraron de que Ashenham y la granja, pertenecían a la nieta del abogado que había hecho construir la casa y que vivía en Rugby. Virginia logro conseguir que se la alquilasen por cinco años y, abandonó Firle. El 9 de febrero dieron una fiesta de inauguración, a la que asistieron Vanessa (la hermana), Clive Bell (su cuñado), Adrian (su hermano), Roger Fry y Duncan Grant, fue el primero de muchos fines de semana.
Tenían que ir a buscar el agua a un pozo, se alumbraban con velas, los sanitarios, muy primitivos, estaban al fondo del jardín. Las habitaciones tenían encanto, un encanto un tanto triste, pero de una tristeza reconfortante. Además la casa estaba a la sombra y, cuando se permanecía en ella más de una semana o dos, uno se comenzaba a sentir a disgusto, ligeramente deprimido. Asheham era una casa extraña, la gente del pueblo opinaban que ella estaba extrañamente habitada y, es verdad, que por la noche se oían ruidos extraños en el granero, suspiros, susurros, puertas que parecían abrirse y cerrarse solas. Seguramente se trataba del viento en las chimeneas y, cuando no había viento, seguramente las ratas, eran la cusa de todo ello.
Pero Asheham dio a Virginia, la idea de ”Una casa embrujada”. Y cuando Leonard leyó las primeras y las segundas páginas de la misma, pudo comprender y sentir esta casa:
“Cualquiera que fuera la hora, a la que uno se despertara, se oía una puerta cerrarse. Iban de una habitación a otra, cogidos de la mano, levantando alguna cosa aquí, abriendo una puerta allá, verificándolo todo, una pareja fantasma”.
Pero algunos años más tarde, la propietaria de la casa, no les renovó el alquiler. Y fue entonces cuando comenzó una búsqueda desesperada, para encontrar otra. El matrimonio no llegó a encontrar alguna que le complaciera y, que estuviera a la altura de su presupuesto. Desesperados compraron una bastante particular, cerca del castillo de Lewes. Se la llamaba Round House y, no estaba mal. Pero a penas la hubieron comprado, cuando una casa quedó libre en la ciudad de Rodmell, casi al lado, Monk’s House. Desde que la vieron, decidieron que ellos vivirían allí. Y la verdad es que lo hicieron, durante toda su vida.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.