Lo que no vemos
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Según dicen los expertos, nuestra retina tiene un punto ciego, justo en la mitad de nuestro campo visual. En esta zona no vemos absolutamente nada y, si creemos lo contrario, que lo creemos todos, es sólo porque nuestro cerebro rellena ese vacío, con lo que supone que debería estar allí. Este mecanismo de rellenado, por cierto, funciona en todas las áreas del córtex cerebral, la sede de la mente. Esta es seguramente, la primera paradoja filosófica con la que se encuentra un niño y, la pedagogía, es mi opinión, debería desarrollar el tema un poco más.
Otro de los casos curiosos es el del cubo de Necker, ese cubo transparente, que puede leerse de dos maneras alternativas. Como escribe Javier Sampedro, ambas interpretaciones significan un cubo, pero en dos orientaciones diferentes. Con un poco de entrenamiento, como observadores podemos quedar asombrados, al saltar de una a otra interpretación a voluntad. Pero, incluso sin la menor práctica, nuestra mente alterna entre una y otra, cada minuto o dos. Mientras nuestro “yo” consciente, está pensando en cualquier otra cosa, la vasta maquinaria inconsciente, que vuela por debajo del radar, está ofreciéndonos las dos formas posibles, de entender esa geometría.
Dándole vueltas al cubo de Necker, los neurocientíficos tuvieron una idea brillante. Si el “input” es invariable, el “flip” que vemos no puede deberse a ningún suceso exterior, sino solo a una especie de interruptor en nuestra consciencia. Por lo tanto, cualquier variación que veamos, en la actividad de los circuitos neuronales durante el “flip”, debe conducirnos al cuartel general de la consciencia.
Siempre me ha “flipado” la elegancia de este concepto. Pero hasta donde yo sé, que no es mucho, hoy la idea se ha evaporado, en las brumas de la urgencia y la dificultad experimental. Algún neurólogo del futuro, quizá pueda rescatarla. Es el típico experimento que te dice algo importante, así salga a favor o en contra.
El psicólogo Bruno Laeng y sus colegas de Oslo y Osaka, acaban de presentar una investigación, sobre otra ilusión óptica, la de los agujeros en expansión. Lo miras y “ves” con meridiana claridad, que el agujero se está inflando, con claras intenciones, parece, de devorar el mundo. Pero en realidad, allí no se está moviendo nada; es una figura perfectamente estática y, lo único que se está expandiendo, son nuestras propias pupilas. La introspección – como sabemos, pensar sobre nuestro propio pensamiento – es una guía desastrosa, para entender como funciona la mente. Lo que percibimos, sentimos y pensamos, es una construcción de nuestro cerebro inconsciente, que sigue unas pautas de las que tenemos poca idea. Las ilusiones ópticas, son una especie de ventana a ese conocimiento. Pero ¡cuantas ilusiones albergamos!
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.