Mecánica cuántica. Los Cuantos. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Max Planck vivió durante casi 50 años em una gran mansión. Con un jardín inmenso, entre las elegantes villas de abogados y otros profesores, en la zona residencial de Grunewald, ubicada al oeste de Berlín. El domingo 7 de octubre, Heinrich Rubens y su esposa había sido invitados a almorzar. Rubens le explicó que sus últimas medidas, no albergaban la menor duda: la ley de Wien no se cumplía, en las longitudes de ondas más largas, ni en las temperaturas más elevadas. Los datos de ese experimento demostraban, según descubrió entonces Planck que, en tales longitudes de onda, la intensidad de la radiación del cuerpo negro, era proporcional a la temperatura.
Esa misma noche, Planck trató de esbozar la fórmula, que pudiera reproducir el espectro de energía, de la radiación del cuerpo negro. Ahora contaba, para componer el rompecabezas, con tres piezas fundamentales. En primer lugar, la ley de Wien, que explicaba la intensidad de la radiación, en la región de las longitudes de onda más cortas. En segundo lugar, fracasaba en la región del infrarrojo, en la que Rubens y Kurlbaum, habían descubierto que la intensidad, era proporcional a la temperatura. Y, en tercer lugar, la ley de desplazamiento de Wien estaba en lo cierto. Esas eran las tres piezas del rompecabezas, con las que contaba Planck, para elaborar su fórmula del cuerpo negro.
Al cabo de algunos intentos infructuosos y, gracias a una adecuada combinación, de intuición e inspirada conjetura científica, Planck había descubierto su fórmula. Parecía prometedora. Pero… ¿se trataba de la ecuación tan buscada por Kirchhoff? ¿Era válida para cualquier temperatura en todo el espectro? Planck se apresuró a garabatear una nota para Rubens y, salió en plena noche para enviársela. Al cabo de un par de días, Rubens llegó a casa de Planck, con la respuesta. Había cotejado la fórmula de Planck, con los datos y, descubierto que cuadraban perfectamente.
El viernes 19 de octubre de 1900, se celebró la reunión quincenal, de la Sociedad de Física Alemana. En un momento dado, Planck se levantó, para hacer un breve “comentario”, titulado “Una mejora de la ecuación de Wien del espectro”. Comenzó admitiendo haber creído “que la ley de Wien debía ser necesariamente cierta” y, que así lo había dicho en un encuentro anterior. Luego quedó rápidamente claro, que Planck, no solo estaba proponiendo “una mejora”, un simple ajuste de la ley de Wien, sino una ley suya completamente nueva.
Después de hablar durante menos de 10 minutos, Planck escribió en la pizarra, su ecuación del espectro del cuerpo negro. Luego se giró y, mirando directamente al rostro de sus conocidos colegas, les dijo que esa ecuación “cuadra, en mi opinión, con los datos publicados hasta el momento. Y, cuando volvió a sentarse, recibió los educados gestos de aprobación de sus colegas. El silencio era comprensible. Después de todo, Planck acababa de proponer, una fórmula elaborada “ad hoc”, para dar cuenta de los datos recopilados por la experimentación.
Al día siguiente, Rubens visitó a Planck para tranquilizarlo. “Vino a decirme que, después de la reunión, había cotejado los datos de la experimentación, con los obtenidos por mi fórmula y, descubrió que coincidían perfectamente”, comentó Planck al respecto. Antes de que hubiera pasado una semana, Rubens y Kurlbaum le comentaron que, después de haber comparado sus medidas, con las predicciones de cinco fórmulas diferentes, había descubierto que la de Planck, era la más exacta de todas. Pero, a pesar de esta rápida corroboración de los experimentalistas, sobre la superioridad de su fórmula, Planck no dejaba, sin embargo, de estar confuso. Era verdad que contaba con una fórmula, pero ¿qué significaba eso? ¿Cuál era la física en la que se sustentaba? “Por eso, el mismo día en que esbocé esa ley – escribió posteriormente – me empeñé en descubrir también, cuál era su verdadero significado físico”. Planck conocía perfectamente su destino, pero ignoraba el camino que debía seguir, para llegar hasta él.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.