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Cosas que pasan


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Toda persona, mujer, hombre, niña o niño cuenta su historia y a su manera, y eso es algo que por mucho pirata que haya suelto por esos mundos de Dios, no nos pueden robar. Si nos distanciamos un poco de todo este follón en el que vivimos, en el que cada vez más ruido y menos reflexión y debate, me van a permitir queridos lectores que intentemos, utilizando el sentido común pensar juntos durante algunos minutos. ¿Les parece?

Nuestra experiencia se mueve permanentemente entre dos coordenadas, espacio y tiempo, que son consustanciales a cada uno de nosotros como seres humanos, son la vida misma. Hay quienes sin darse cuenta, se les va la olla y se sitúan fuera de la realidad, lo que termina creándoles en ocasiones serios problemas con ellos mismos, con el entorno y en su relación con los demás y les acarrea consecuencias no deseables a quienes son sujetos u objetos de estas situaciones.

Una de las cosas más interesantes que pasan es que cada día los ciudadanos y ciudadanas exigen a sus políticos, lejos de buenas intenciones y discursos vacíos y tópicos que suenan muy, pero se quedan en pura retórica y no resuelven nada. La soluciones concretas a los problemas concretos, es en definitiva lo que se demanda de nuestros mandatarios, es en definitiva el saber estar en el lugar y en el momento oportunos.

Si escuchamos todos los días las noticias, leemos la prensa escrita o hacemos uso de nuestra curiosidad a través de la televisión, de internet o de las hemerotecas, observaremos como muchos políticos, son presos y rehenes de sus propias palabras.

Vemos con gran asombro y sorpresa, como algunos creen que la gente no tiene memoria histórica, vamos que la mayoría de los electores padecen amnesia, algo parecido a lo que le ocurre a la señora Cospedal, ex secretaria general del PP, que cuando la llaman a testificar, no se acuerda de nada. Vivimos un tiempo y espacio que da la impresión que se puede decir cualquier barbaridad, mentira e insulto y se permite todo, desde el mayor exabrupto hasta el disparate más colosal, con tal de conseguir un puñado de votos o contentar a sus parroquianos.

Estar en la calle, lejos de la adicción a las moquetas y maderas nobles de los despachos, implicarse con los problemas que afectan a nuestros vecinos, tener capacidad de iniciativa ante las situaciones, de manera que formen parte de las soluciones y no de los conflictos.

Ante la ambientosis que padecemos , quienes nos representan o aspiran a hacerlo, han de aplicarse en la capacidad para defender los intereses de que enfáticamente llaman pueblo y al que nunca deberían olvidar que pertenecen y son quienes les pagan.

Es obligatorio estar siempre a disposición de la ciudadanía en todo espacio y tiempo, debería ser la ÉTICA Y LA ESTÉTICA de los que se dedican o pretenden dedicarse al noble arte de servir a los demás. Nos gustaría que todos nuestros representantes públicos fueran adivinos, y pudieran predecir el mañana y tuvieran la visión de adelantarse a los acontecimientos .

No pretendemos ser tan exigentes en este artículo, en esta humilde y compartida reflexión. Lo que si, al menos, debemos pedir es una actitud pedagógica desde el ejercicio del poder. Ni más ni menos que predicar con el ejemplo, y que las palabras vayan acompañadas de los hechos.

Lo que al común de los mortales se nos permite con una menor o mayor benevolencia, es una licencia que no les podemos permitir a nuestros representantes y están obligados no sólo a ser ejemplares sino a parecerlo en todo momento y lugar.