El desgaste de la Izquierda Socialista (1934-1936). II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Pese a lo que algunos historiadores han indicado en ocasiones, nos está del todo claro que la radicalización del ala izquierda socialista, se debiera a una respuesta a la presión anarquista. En realidad, a medida que fue creciendo la radicalización de la CNT, creció la tendencia de los caballeristas, a adoptar posturas más moderadas. En 1933, la federación socialista de trabajadores de la tierra (FETT) se convirtió en un gigante dentro de la UGT (véase M. Contreras “El PSOE en la Segunda República”). La radicalización de los dirigentes caballeristas, y también de las bases de la FETT, tuvo lugar en un momento, en el que la CNT se mostraba muy débil, debido a varios intentos fallidos de insurrección, y cuando la organización experimentaba divisiones internas, que habían llevado a la escisión de la Federación Sindicalista Libertaria, y los Sindicatos de Oposición. Resulta significativo, que ni siquiera durante su etapa más radical, a mediados de 1935, la izquierda socialista se replanteara la revisión de su postura sobre los anarquistas.
Tanto las causas como las características, de la radicalización socialista en los años treinta, tras la ruptura de la coalición republicano-socialista, han sido objeto de numerosos estudios y de frecuentes polémicas entre los historiadores. Pero a pesar de la división de opiniones, sobre el peso relativo de los factores “externos”, como la creciente amenaza del fascismo, y la deriva radical, de un importante sector de las bases del partido, frente a los factores “internos”, la batalla por el dominio del partido, existe un consenso bastante generalizado, en cuanto a que las fuentes muestran claramente, el reformismo imperante en la cúpula sindical de la izquierda socialista, en concreto de Largo Caballero, pese a la retórica revolucionaria, y a la aparente radicalización del periodo 1934-1936. Aquellas suposiciones, que no explicaciones, sobre la conducta de la izquierda socialista, centradas en la aparente conversión de Largo Caballero a la revolución, a raíz de sus lecturas de Marx en la cárcel, tras la revolución de octubre, a día de hoy se muestran sepultadas en el olvido, al menos entre los historiadores más serios. Una autoproclamada fe revolucionaria, sabemos por la historia, que raramente equivale a una praxis revolucionaria. Prueba de esto último, sería la clara transformación de la estructura organizativa del partido, como nexo de unión entre la teoría y la práctica.
Cualquier estudio del “caballerismo” para ser serio, debe distinguir, al menos en mi opinión, entre el fenómeno de radicalización política de las bases populares, entre 1934 y 1936, y los factores independientes, que determinaron el comportamiento político de aquellos dirigentes de la izquierda socialista que – al menos en apariencia – adoptaron la causa radical. Existía una contradicción irresoluble, entre las aspiraciones de las bases radicales del poder caballerista, por un lado, y la cautela política de los máximos líderes del ala izquierda, por el otro. La formación de estos, dentro de la burocracia sindical, determinaron por completo su respuesta política, y el objetivo principal para ellos, siguió siendo el engrandecimiento del movimiento socialista (véase la ácida crítica de Ramón Lamoneda, a la falta de coherencia de Largo, en “El secreto del anticomunismo”, notas manuscritas en el archivo personal de Lamoneda, FPI).
Quizá la única forma posible de dar sentido, a la aparente esquizofrenia de la izquierda socialista, sea la de emplear una distinción, postulada por la historiografía reciente. Según ésta, los autores del discurso revolucionario, intelectuales como Carlos Balibar y Luis Araquistáin, ocupaban un espacio externo, respecto de la actuación y la política de la UGT. No tuvieron impacto, en la acción diaria del sindicato y, por ello, sus teorías, quedaron reducidas a armas meramente tácticas, en manos de los dirigentes veteranos del sindicato. En última instancia, este discurso servía tan solo, para aislar a la izquierda socialista de los partidos del Frente Popular. Al mismo tiempo, el predominio de los reformistas en la cúpula del sindicato, excluía cualquier estrategia alternativa, que incluyera a la CNT. La burocracia del sindicato socialista, estaba condenada al aislamiento y a la impotencia, precisamente porque su preocupación primordial, era mantener intacta la organización. Esto impidió a los dirigentes, aprovechar el inmenso potencial político, de los sectores radicalizados de las bases, el fenómeno que venimos definiendo como “caballerismo”.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.