Suresnes. Octubre de 1974. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Dueño de la escena, Felipe apenas miró sus notas. Al no haber gestionado nada, pues el partido llevaba sin bridas desde 1972, no tenía nada de lo que informar. Así que tomó el rábano por las hojas y, aprovechó para desarrollar el análisis que había escrito, en la reunión del hotel Jaizkibel. Habló de la enfermedad terminal del franquismo, de los errores de la oposición, de las alianzas y del futuro democrático, al que Portugal acababa de adelantarse. Lo hizo con su característica finura, identificando a los amigos y a los enemigos. Por unos instantes, todos los asistentes al congreso, parecieron franceses negociando un programa electoral. Bien iluminado en el centro del escenario, el chaman Isidoro, fascinó a los delegados. Antes de su intervención, muchos querían que siguiera una dirección colegiada, sin una cara al frente. Después del discurso, casi todos los reconocieron como jefe.
Apenas un par de dirigentes se resistieron al embrujo. Pablo Castellano, por resentimiento. Llevaba tres años siendo la cara y la voz del partido, tanto dentro como fuera de España. Cuando los corresponsales extranjeros, querían saber algo del PSOE, le llamaba a él y, fueron sus gestiones diplomáticas, las que convencieron a la Internacional Socialista, de que debían darle la espalda a Llopis. El otro gran opositor era Enrique Múgica, que había salido del PCE unos años antes, cansado del culto a líder y, de lo que Lenin llamaba “centralismo democrático”, que no era otra cosa que acatar, sin rechistar, cualquier ocurrencia del que manda. El PSOE – incluso durante la guerra civil – siempre había tenido una estructura democrática de verdad, con debates auténticos, cuyo resultado no estaba escrito de antemano y, eso le gustaba a Múgica. El discurso de Felipe, no se había parecido en nada, a los parlamentos de pasionarias y carrillos, pero la fascinación que causó eso, que pronto se llamaría carisma, le preocupaba, pues producía en el público, la misma reacción acrítica que el autoritarismo comunista.
Castellano y Múgica, cada uno por sus razones, las que confesaban y las que no, se opusieron a la candidatura de Felipe y, lo hicieron a gritos, para romper el hechizo que embobaba a los delegados. De nada les sirvió: Isidoro obtuvo 3.252 votos, de un total de 3.586, mucho más de un rotundo 90%. Quizá para terminar de digerir el trauma y el acelerón de la historia, los ganadores propusieron que Felipe fuera “primer secretario” y, no, secretario general, lo que, por otra parte, respetaba la ausencia de Llopis y, daba la impresión de mantener la estructura colegiada.
Ya hace algún tiempo que es un lugar común, decir que en Suresnes, el PSOE dejó de ser un club de debate masónico de exiliados, para convertirse en un aparato de poder. Es la tesis que defendió siempre Joaquín Prieto, uno de los periodistas que mejor conoció aquella historia y, uno de sus analistas más finos y ecuánimes. Pero a algunos amantes de la historia, nos cuesta creerlo. Porque sólo funciona si se lee desde el presente y, a través de los recuerdos de los protagonistas. Las vidas – según Del Molino – sólo tiene sentido cuando se han vivido, no mientras se viven. Creer que el Felipe que bajó del escenario, aquella tarde de octubre de 1974, era ya el Felipe de 1982, o el estadista que firmó, el tratado de la adhesión a Europa en 1985, o el confidente grave e íntimo, de la melancolía de Gorbachov, cuando se le derrumbaba la URSS en los brazos, demuestra una fe en el destino, más propia de los evangélicos, que de la politología.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.