La Resolución 39 de la ONU sobre la cuestión española en 1946
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Entre 1945 y 1955, es decir, durante una década España vivió al margen de las Naciones Unidas. En diciembre de 1946 se aprobó la Resolución 39 sobre la cuestión española, que recordamos en su aniversario, y que fue determinante en su aislamiento internacional.
Todo comenzó en el mismo momento fundacional de la ONU. Como es sabido, la Conferencia de San Francisco, celebrada en la primavera de 1945, en el proceso de derrota final de la Alemania nazi, aunque todavía no del Japón, puso en marcha las Naciones Unidas sobre las propuestas de Dumbarton Oaks, los Acuerdos de Yalta y las enmiendas de algunos gobiernos. En esta Conferencia estuvieron presentes algunos eminentes republicanos españoles en el exilio.
En la misma, la delegación mexicana manifestó que el párrafo segundo del Capítulo III de la Carta de las Naciones unidas (Estados miembros) no podía aplicarse a Estados cuyos regímenes fueron establecidos con la ayuda de fuerzas militares de países que habían luchado contra las Naciones, mientras que esos regímenes permaneciesen en el poder. La moción fue apoyada por Australia, aprobándose. Aunque no se citaba explícitamente a España, era evidente que se aplicaba a la misma, ya que la dictadura franquista había vencido en la Guerra Civil y se había consolidado con la incuestionable ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista.
España tuvo su protagonismo en la Conferencia de Potsdam, del verano de ese año, porque había que pensar en cómo organizar Europa y Franco suponía una anomalía en el conjunto occidental. Stalin expuso que la España franquista había sido una aliada de las potencias del Eje, recordando la cuestión de la División Azul. Británicos y norteamericanos no pusieron objeciones, al respecto. Por eso, las tres potencias manifestaron públicamente que sus gobiernos no iban a apoyar ninguna solicitud de ingreso en la ONU del presente Gobierno español, que había sido establecido con el apoyo de las potencias del Eje. Así pues, en razón de sus orígenes y por su asociación estrecha con los países agresores, no tenía las cualidades necesarias para justificar su ingreso.
Así pues, el 12 de diciembre de 1946 la Asamblea General de las Naciones unidas adoptó, como señalamos al comienzo del artículo, la Resolución 39 sobre la cuestión española.
En la Resolución, antes de establecer la decisión que se había tomado, se quería manifestar al pueblo español su simpatía constante, esperando ser acogido de forma cordial cuando las circunstancias permitieran ser admitido en el seno de las Naciones Unidas.
El Consejo de Seguridad había acordado en su día la creación de un subcomité del mismo para que realizara un estudio, llegando a la conclusión de que:
"(a) En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini;
(b) Durante la prolongada lucha de las Naciones Unidas contra Hitler y Mussolini, Franco, a pesar de las continuas protestas de los Aliados, prestó una ayuda considerable a las potencias enemigas. Primero, por ejemplo, de 1941 a 1945, la División de Infantería de la Legión Azul, la Legión Española de Voluntarios y la Escuadrilla Aérea Salvador, pelearon en el frente oriental contra la Rusia soviética. Segundo, en el verano de 1940, España se apoderó de Tánger en violación del estatuto internacional, y, debido a que España mantenía un importante ejército en el Marruecos español, gran cantidad de tropas aliadas quedó inmovilizada en el África del Norte;
(c) Pruebas incontrovertibles demuestran que Franco fue, con Hitler y Mussolini, parte culpable en la conspiración de guerra contra aquellos países que finalmente en el transcurso de la guerra mundial formaron el conjunto de las Naciones Unidas. Fue parte de la conspiración en que se pospondría la completa beligerancia de Franco hasta el momento que se acordara mutuamente".
Por lo tanto, la Asamblea General:
“Convencida de que el Gobierno fascista de Franco en España, fué impuesto al pueblo español por la fuerza con la ayuda de las potencias del Eje y a las cuales dió ayuda material durante la guerra, no representa al pueblo español, y que por su continuo dominio de España está haciendo imposible la participación en asuntos internacionales del pueblo español con los pueblos de las Naciones Unidas;
Recomienda que se excluya al Gobierno español de Franco como miembro de los organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas o que tengan nexos con ellas, y de la participación en conferencias u otras actividades que puedan ser emprendidas por las Naciones Unidas o por estos organismos, hasta que se instaure en España un gobierno nuevo y aceptable.
Deseando, además asegurar la participación de todos los pueblos amantes de la paz, incluso el pueblo de España, en la comunidad de naciones,
Recomienda que, si dentro de un tiempo razonable, no se ha establecido un gobierno cuya autoridad emane del consentimiento de los gobernados, que se comprometa a respetar la libertad de palabra, de culto y de reunión, y esté dispuesto a efectuar prontamente elecciones en que el pueblo español, libre de intimidación y violencia y sin tener en cuenta los partidos, pueda expresar su voluntad, el Consejo de Seguridad estudie las medidas necesarias que han de tomarse para remediar la situación;
Recomienda que todos los miembros de las Naciones Unidas retiren inmediatamente a sus embajadores y ministros plenipotenciarios acreditados en Madrid.”
El régimen franquista reaccionó inmediatamente. Al día siguiente organizó una multitudinaria manifestación en la madrileña Plaza de Oriente, para reivindicar un orgullo patrio herido por las supuestas maquinaciones y conspiraciones internacionales, donde, además, apareció el fantasma de la masonería, tan querido por Franco, y para intentar demostrar al mundo que el régimen contaba con el apoyo masivo de la población. Agitar el enemigo exterior, las supuestas injerencias del exterior, supuso un nuevo elemento en la constante propaganda franquista para fortalecer el nuevo régimen en España.
Por su parte, algunos países no siguieron las recomendaciones como Argentina, mientras otras rebajaron el perfil diplomático de sus embajadas, consulados y legaciones. Franco optó por seguir la recomendación de Carrero Blanco de aguantar el temporal a la espera de nuevos tiempos, esos que no tardaron en llegar en relación con la guerra fría en los que España pasó del ostracismo a tener un papel, secundario, pero papel, al fin y al cabo, en el panorama internacional bipolar.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.