La reflexión sobre las violencias de Manuel Ugarte en 1910
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Manuel Ugarte (1876-1951) fue un polifacético personaje argentino, escritor, diplomático y político, que durante un tiempo militó en el Partido Socialista de su país. Fundó el diario La Patria y la revista Vida de hoy. Escribió varios libros y terminó apoyando al peronismo. Residió mucho tiempo en Francia, y se caracterizó por su crítica a las injerencias norteamericanas en el resto del continente, basando sus ideas tanto en San Martín como en Bolívar. Pues bien, queremos compartir con los lectores las reflexiones que realizó en Vida Socialista, en marzo de 1910 (número 11), sobre la violencia, un tema que siempre nos ha interesado mucho. El texto fue escrito en Niza en ese mismo mes de marzo.
Para Ugarte la violencia era una forma anticuada de la energía “y de la vitalidad social”. Pero no se podía dejar de reconocer que dicho procedimiento anticuado había evolucionado mediante aplicaciones nuevas. Lo que estaba explicando es que había una violencia que en vez de emanar de los gobiernos opresores había surgido de los pueblos oprimidos, y que en vez de haber sido un arma para detener el libre empuje de la especie había resultado, en determinados momentos, un recurso para acentuarlo. Por eso, creía que la violencia era un ejemplo de que los actos no tenían una significación única, y que podían ser buenos o malos según las circunstancias en las cuales se producían y por el fin que persiguieran.
De ese modo, si los que buscaban cambiar el mundo renunciaban de pronto a toda futura veleidad de violencia de forma definitiva solamente conseguirían favorecer una vuelta a la barbarie. En muchas ocasiones lo que había contenido la violencia de los malvados había sido la violencia de las víctimas.
Pero Ugarte era consciente de que se le podía criticar que estaba justificando la violencia. No quería que así se le interpretara, pero insistía en que era innegable que la violencia mediante la cual un pueblo débil se oponía a la desaparición de su nacionalidad no tenía el mismo carácter que la desarrollada por una nación imperialista que, precisamente, quería apoderarse de ese pueblo indefenso. En el plano social no se podía equiparar tampoco la violencia de los obreros que mediante una huelga intentaban evitar la bajada de sus salarios, que la ejercida por el poder cuando disolvía por medio de las armas una asamblea legal y ordenada.
De ese modo, había que distinguir entre una violencia defensiva de una agresiva. La segunda siempre era condenable, era un crimen, frente a la primera que resultaba, en ocasiones, la única salvaguardia del derecho violado. A esta violencia no se podía renunciar hasta que la injusticia desapareciera de la sociedad.
En todo caso, Ugarte consideraba que este tipo de violencia solamente debía ser considerada como un arma transitoria, y debía usarse de forma prudente y en situaciones críticas. Mientras los conflictos de todo tipo pudieran tratarse con métodos pacíficos de conciliación y arbitraje debían emplearse siempre. La violencia era un recurso para rechazar violencias mayores, una especia de último recurso en casos extremos.
Ahí dejamos la reflexión del intelectual argentino.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.