Las reclamaciones del movimiento obrero madrileño al Ayuntamiento en 1891
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En el mes de julio de 1891 el movimiento obrero de Madrid se dirigió al Ayuntamiento de la capital con varias reivindicaciones en una exposición, que se hizo pública.
Las reclamaciones fueron elevadas por la Agrupación Socialista, la Sociedad de Trabajadores en Madera “La Unión”, la Sociedad de Albañiles “El Trabajo”, la Asociación del Arte de Imprimir, la Sociedad de Constructores del Calzado, la Sociedad de Estuquistas “La Solidaridad”, la Sociedad de Obreros en Hierro “El Porvenir”, la Sociedad de Obreros constructores de carruajes, el Comité Central de la Federación, el Montepío de Tipógrafos, la Sociedad de Obreros marmolistas, la Sociedad de Obreros curtidores, el Comité Nacional del PSOE y la Sociedad de Ebanistas.
La exposición planteaba tres reclamaciones:
1. Establecimiento de la jornada máxima de ocho horas para todos los obreros y empleados del Municipio.
2. Salario mínimo de tres pesetas para dichos obreros y empleados.
3. Derogación inmediata del arbitrio sobre los vendedores ambulantes.
La reivindicación de la jornada de ocho horas para los trabajadores municipales se basaba en la tradicional sobre la constatación de la excesiva jornada laboral con sus consecuencias físicas y de todo tipo, y en el mantenimiento de un elevado número de trabajadores inactivos. La limitación de la jornada se convertía en uno de los medios más eficaces para mejorar el estado, que se consideraba angustioso, de la clase obrera. Aunque las organizaciones firmantes creían que terminaría por adoptarse una legislación internacional sobre esta materia consideraban que también estaba en las facultades municipales adelantarse a este hecho. Era una manera de dar satisfacción a las aspiraciones del pueblo, si se consideraban “corporaciones populares”.
Los trabajadores recibían exiguos salarios, siendo especialmente relevante en el caso del Municipio de Madrid, que pagaba menos que en la media de las industrias y oficios. Era, por lo tanto, además de una cuestión de equidad, de decoro.
El último punto de la campaña se refería al impuesto sobre los vendedores ambulantes, que se consideraba absurdo, y que había coincidido su cobranza con la toma de posesión del primer Ayuntamiento elegido por sufragio universal.
Hemos trabajado con el número 282 de finales de julio de 1891 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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