El fascismo como fenómeno pasajero: una opinión socialista española en 1930
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Nos acercamos a una opinión, sin firma, vertida en El Socialista en octubre de 1930 sobre el fascismo y el auge del nacionalismo, como fenómenos pasajeros y surgidos como reacción ante el fracaso del sistema de gobierno tradicional.
Esta opinión, que podría ser la del periódico obrero español porque no lleva, insistimos, firma, surgía al calor de un reciente discurso de Édouard Daladier, a la sazón jefe del Partido Radical-Socialista francés en ese momento y que, como sabemos, fue un destacado político del centro-izquierda francés, protagonista de los duros acontecimientos que llevaron a la Segunda Guerra Mundial, y siempre lúcido, frente a Chamberlain, sobre las verdaderas intenciones de Hitler, especialmente en la reunión de Múnich, además de estar presente en los dolorosos momentos de la vertiginosa derrota francesa ante el avance nazi. En ese discurso el político francés había recalcado la exacerbación nacionalista que se observaba en Europa y cómo ofrecía graves inconvenientes para que se asentase la paz internacional. En ese sentido, se refería a como el fascismo italiano se había extendido por Alemania y Austria, y estaba haciendo nuevos seguidores en el resto de países, los cuales todavía estaban viviendo los efectos de la tragedia que había supuesto la Gran Guerra. Aún no se había apagado el rescoldo de odios internacionales, avivados por la gran crisis económica que se padecía. El nacionalismo y el proteccionismo llevarían directamente, en su país, a una nueva guerra si fracasaban los intentos de los que defendían la necesidad de realizar acuerdos políticos y económicos entre los países. Daladier, por fin, abogaba por seguir insistiendo en el desarme y pedía estar vigilantes contra los fascismos con sus deseos revanchistas.
Sin lugar a dudas, Daladier estaba demostrando una gran clarividencia ya en el otoño de 1930, a nueve años del estallido de otra guerra mundial. Pero desde el periódico socialista español se calificaba al político galo como pesimista, y se afirmaba que se estaba dejando llevar por impresiones momentáneas y accidentales.
El fascismo y el nacionalismo no pasaban de ser un “sarampión pasajero”, efecto de una crisis universal que buscaba una urgente vía de escape, a través del camino fácil y trillado de las armas.
Lo que se pensaba era que el sistema de gobierno tradicional en Europa había fracasado, pero la Humanidad tardaba mucho en cambiar, y esa sería la causa por la que se estaba tardando en abrir la puerta a un sistema mucho más justo. Por eso, había muchos que, al ser incapaces de dar nuevos rumbos volvían la mirada a los “senderos regados de sangre”, que ya eran bien conocidos por la Humanidad. Pero el progreso era algo que no se podía parar, y lo estaría haciendo entre la agonía del capitalismo.
Los nacionalismos y los fascismos se consideraban desde esta perspectiva, como los últimos estertores de un mundo que expiraba, por lo que no podrían prosperar.
Nosotros tenemos la ventaja de que sabemos qué pasó en Europa a partir de entonces.
Hemos trabajado con el número del cinco de octubre de 1930 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.