Sobre el libro de Luis Simarro acerca del proceso de Ferrer i Guardia en la prensa socialista
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Luis Simarro (1851-1921) fue, sin lugar a dudas, un sabio y un humanista. Neurólogo, histólogo y uno de los padres de la psicología española, además de su preocupación por la criminalidad, la defensa de los derechos del hombre y el librepensamiento, sin olvidar su condición de masón eminente.
Escribió un fundamental libro sobre el proceso que sufrió Ferrer i Guardia en la vorágine represora a raíz de la Semana Trágica, El proceso Ferrer y la opinión europea, y que generó una intensa polémica.
El periódico El Socialista incluyó una columna sobre el libro justo antes de publicarse, aprovechando que la prensa había publicado ya algunos capítulos de la obra, prueba del impacto que ya comenzaba a generar en la opinión pública.
El periódico ofrecía un comentario sobre los primeros cuatro capítulos.
En el primer capítulo se ofrecía al lector las fuentes que había empleado el autor para documentarse para el libro. Se había fijado en las declaraciones de Ossorio y Gallardo, en las de Enciso, a la sazón gobernador sustituto, en las del jefe de policía Mr. Arrow, en las manifestaciones realizadas por el senador Sol y Ortega, en el estudio de las protestas formuladas de Barcelona, en lo manifestado por el Comité de Defensa Social también desde Barcelona, y en la historia de los sucesos que realizó el socialista Antonio Fabra i Ribas, que fue miembro de la Comisión organizadora de la huelga general.
En ese capítulo también había reproducido el bando del capitán general de Cataluña donde anunciaba que se abriría fuego, sin previa intimación, contra quien impidiese la circulación por la vía pública:
“A continuación recoge algunas declaraciones acerca del origen de los sucesos, entre las que encontramos las del Sr. Enciso, quien dice que los sucesos se produjeron como protesta contra el llamamiento de los reservistas. Mr. Arrow decia que el movimiento pudo evitarse si desde el primer momento se hubiera obrado con algo de prudencia. El Comité de Defensa Social declaraba que los promovedores de los disturbios eran enemigos del catolicismo. “
Ante estas manifestaciones, Simarro había escrito lo siguiente:
«Todas estas manifestaciones, inspiradas en tendencias tan opuestas y contradictorias, son debidas á testigos presenciales ó hechas luego de surgir los sucesos, pero en ninguna de ellas se insinúa la participación de Ferrer en los sucesos. Mucho menos dejan sospechar que Ferrer era el jefe de los revolucionarios.»
El segundo capítulo se consagró por parte del autor a describir el trabajo que se realizaba en la Escuela Moderna de Ferrer, además de acopiar documentos y testimonios que demostrarían su inocencia. En este sentido insertó una carta que dirigió a Charles Malato el 10 de agosto donde decía que el día 26 había sido sorprendido como los demás por los sucesos de Barcelona. Como es sabido, Malato fue un fundamental anarquista francés de origen italiano, intenso publicista y escritor.
Simarro expresó en el libro que el fiscal Ugarte, al acusar a Ferrer lo había hecho en función de que el mismo tenía dinero, circulaba dinero por la Casa del Pueblo, por lo que Ferrer era el jefe de la revuelta.
El único testimonio contra Ferrer lo había dado un individuo desde el periódico El Siglo Futuro que, como es sabido, era el más integrista de la prensa española donde había expresado que había visto al director de la Escuela Moderna frente al Liceo el día 27 a la cabeza de un grupo de hombres, “que no sabía si iban armados”.
Y a pesar de todo eso, Ferrer fue fusilado.
Ugarte, sugestionado por el Comité de Defensa Social, afirmó que un hombre con la capacidad moral e intelectual como Ferrer podía haber urdido el complot, pero no aportó prueba alguna.
Simarro dedicaba el cuarto capítulo a publicar documentos donde se demostraría que el mencionado Comité había hecho todo lo posible para que Ferrer fuera fusilado, y solamente por “no ser católico” (en el periódico se ponía en mayúsculas).
El libro también recogía otras cuestiones que probarían la inocencia de Ferrer.
Sin duda alguna, el periódico afirmaba que el libro estaba llamado a alcanzar una resonancia “universal jamás conocida”.
La columna de El Socialista se publicó en el número 1272 del 29 de julio de 1910.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.